Polémico Escudé: no va más el Mercosur
Docente universitario, asesor de buena parte de la gestión de Guido Di Tella, escribió varios libros y, por sobre todo, Carlos Escudé es un personaje de opiniones contundentes, irritantes para muchos, controversiales. En este reportaje, habla del fracaso del Mercosur, también de la triangulación de las armas y de la relación con los Estados Unidos. Para leer.
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Carlos Escudé: Sí, además, tengo grandes dudas respecto de la teoría de Rodríguez Giavarini. No sé si esa opinión expresa el Rodríguez Giavarini profundo. Hay que reconocer que como canciller no tiene demasiada autonomía y recibe instrucciones del Presidente. Yo pienso que el Mercosur es un proyecto total-mente fracasado.
P.: ¿Por qué?
P.: Porque devaluó, porque le ha robado al vecino, como diría Cavallo.
C.E.: Sí, porque fíjese que en el fondo Brasil es un país constitucionalmente incapaz de tener una política macroeconómica estable y, por lo tanto, una moneda estable. El poder de los gobernadores es tan grande que siempre pueden desestabilizar a la política macroeconómica federal y, por lo tanto, a la moneda. No entiendo cómo el gobierno y las empresas no observaron este fenómeno que era obvio al largo plazo.
P.: Convengamos que hay naciones, como España, que también son muchos estados -y algunos más violentos-dentro del Estado y, sin embargo, se adaptan a la macroeconomía y a una unidad monetaria.
C.E.: Sí, España lo consigue, es cierto. No he estudiado el caso de España para decir cuáles son las capacidades de las comunidades autónomas para desafiar la política monetaria. Pero estamos con Brasil: allí la realidad es que los gobernadores desafían la autoridad monetaria nacional.
P.: Es curioso que ese descubrimiento lo sorprenda ahora, no mientras estuvo en el gobierno, cuando aprovecharon las ventajas del intercambio y Brasil fue un motor para determinadas exportaciones.
C.E.: Bueno, convengamos que el flujo con Brasil tuvo años superavitarios y otros deficitarios. Pero, lo que es más grave, es que si uno desagrega de ese comercio a los commodities -que siempre se pueden colocar en cualquier parte del mundo-, uno se da cuenta que el déficit argentino es permanente. Si quitamos cereales y petróleo del componente comercial, la verdad es que siempre perdemos.
P.: Además de subsidiar a la industria brasileña.
C.E.: Claro, y en especial a la industria de bienes de capital a la que los empresarios argentinos se han visto forzados a reabastecerse. Equipos de segunda calidad, pero que el arancel externo común hacía casi imposible para que accediéramos a otro de mejor nivel.
P.: ¿Ahora Cavallo le resolvió ese problema?
C.E.: En buena hora lo ha suprimido, en alguna medida ha empezado a dinamitar el Mercosur.
P.: Me imagino su disgusto, entonces, cuando De la Rúa desiste de cualquier emprendimiento comercial bilateral con los Estados Unidos.
P.: Sospecho que la vigencia del Mercosur limita a sus miembros para establecer acuerdos con otras naciones y De la Rúa debe pretender mantener los compromisos suscriptos.
C.E.: No me hable de esos compromisos. Y no cito solamente a la devaluación brasileña, sino que cuando ellos quisieron hacer un convenio automotor con México ni se les ocurrió pedirnos permiso. Uruguay también es miembro del Mercosur y ya le ha dicho que sí a los Estados Unidos. Además, el mismo Cavallo al modificar el arancel externo común con los bienes de capital también se burla del Mercosur. ¿De la Rúa es el único principista?
P.: Si no es una fidelidad a las normativas, ¿qué es lo que domina a De la Rúa?
C.E.: Me parece que en todo esto hay una cuestión ideológica, un sentimiento antinorteamericano de algunos sectores de la Alianza con los cuales De la Rúa no desea polemizar si es que él piensa lo contrario. Ya tuvimos una muestra con el voto a Cuba: esa decisión provocó estragos dentro de la Alianza.
P.: En su desarrollo, es como si el Mercosur no fuera influyente para la economía argentina o regional.
C.E.: Usted también considera, por lo que veo, que el Mercosur es un bloque importante. Ese es uno de los grandes engaños. Si uno lo ve en el mapa, naturalmente es importante. Pero si considera la totalidad del producto bruto de los cuatro países, más Chile y Bolivia, no significan nada en el mercado internacional. Le menciono el simple hecho, asombroso si quiere, de que el año pasado los Estados Unidos crecieron «un Brasil». Creo que esta analogía es suficiente para entender la dimensión.
P.: Usted a veces casi le asigna más importancia a la cuestión política que a la económica.
C.E.: No es así, pero sin duda la vacilación política es gravitante. Hemos acertado con el voto contra Cuba por los derechos humanos, pero se hizo porque ya se había votado el año pasado y de la mano del socialismo chileno, del presidente Ricardo Lagos, que había tomado previamente esa decisión. No se podía contradecir lo que se había votado antes. Pero fíjese que la Argentina, por esa inercia que le advertí, está desperdiciando la oportunidad de acompañar el plan Colombia. Sería como el acto casi mágico que llevó a cabo Menem en 1990, cuando con el tema del Golfo envió las naves y convirtió a la Argentina en un país que era irrelevante para los Estados Unidos en una nación políticamente relevante para ellos. Por mandar sólo dos barquitos que no alteraban ni cambiaban nada. Y esto es importante cuando uno requiere, para salir en una crisis difícil, determinadas asistencias.
P.: ¿Para usted, entonces, adherir al plan Colombia sería como el envío de dos naves al Golfo en los '90?
C.E.: Sin duda. Los Estados Unidos enfrentan el problema colombiano, un estado que colapsa, una guerrilla insurgente que, además, se dedica al narcotráfico, que se financia con la industria del secuestro, más las complicaciones de unos paramilitares que luchan contra la guerrilla y que también se dedican al narcotráfico y al secuestro. EE.UU. diseñó un plan Colombia para esto, no nos corresponde a nosotros el acierto o no de ese plan -no lo podemos cambiar, no tenemos ni fuerza ni influencia-, pero está ahí y tiene el apoyo hasta de la propia Colombia. Hasta México adhiere, México que siempre se caracterizó por confrontar con EE.UU., que mantuvo buena relación hasta con Cuba. ¿Por qué hace esto México? Bueno, no hay que ver bajo el agua. Quiere ser un socio confiable y, por lo tanto, hace favores políticos. Eso es volverse relevante para los Estados Unidos y eso es lo que no ocurre con la Argentina de hoy. En lugar de aprovechar estas oportunidades, nos enredamos en la tontería de las armas.
P.: Es una cuestión de la Justicia.
C.E.: Mire, yo lamento no haber sido asesor en ese momento de Guido Di Tella para aconsejar que vendiera las armas a Croacia. Eso era lo que querían los Estados Unidos porque de lo que se trataba era de reequilibrar las fuerzas croatas frente a las servias, para evitar el genocidio de los bosnios musulmanes por parte de Milosevic. Era una política de Estado, y no meramente pragmática: teníamos que contribuir a evitar un genocidio que, además, era lo que querían los Estados Unidos. Era un acto moral, ético, no sólo apoyar al poderoso. En la Argentina hoy lo vemos, autodestructivamente, del lado negativo, ni siquiera hablamos del tema de fondo. Porque si tomáramos de frente la cuestión nos daríamos cuenta que estaba bien rearmar a Croacia y hacerle un favor a los Estados Unidos, al igual que estuvo bien enviar las naves al Golfo.
P.: ¿Con lo de Ecuador piensa lo mismo?
C.E.: Estoy dispuesto a discutirlo, con otra lógica claro. Aquí no se trataba de hacerle un favor a los Estados Unidos y, descontando que en nada justifico y por supuesto repudio si hubo coimas y negociados en esta triangulación, sí en cambio me importa atender intereses del país. Recuerdo que entonces mis colegas chilenos me llamaron para decirme: «Si ustedes les hubieran vendido armas a Perú, que es nuestro enemigo, hoy en Chile estaríamos encendidos en un solo grito contra la Argentina. Pero les han enviado armas al enemigo de nuestro enemigo y, por lo tanto, han desactivado -y tal vez para siempre- las hipótesis de conflicto entre Chile y la Argentina». Creo sinceramente que ese episodio, más otros, consolidaron uno de los mayores logros de la diplomacia argentina en los '90: transformar una relación peligrosa, conflictiva, en una amistad. Desarmamos a los halcones chilenos que estaban convencidos de que la Argentina, en esa ocasión, le hubiera vendido armas a Perú, su enemigo, y no a Ecuador.
P.: Parece un tanto crudo lo que dice.
C.E.: Es cierto, pero es hora de que los argentimos reconozcamos lo que le interesa al país y que, en materia de política internacional, a veces suceden cuestiones amorales. Son propias de esa actividad. Es el doble estándar que, por ejemplo, los Estados Unidos practican sin problemas de conciencia, al revés de lo que hacen los argentinos. Cuando en el '77 Carter castigó a Chile y a la Argentina por las violaciones a los derechos humanos, también admitieron que debían castigar a Corea del Sur y a Irán. Pero dijeron que esos países eran importantes para ellos y no lo hicieron. Además, lo dijeron en conferencia de prensa, lo sinceraron, lo blanquearon y no se pusieron colorados. Cuando hay una política de Estado, inevitablemente hay que respetar una jerarquía de objetivos.
P.: Pero Perú fue siempre aliado de la Argentina, hasta se solidarizó en la guerra.
C.E.: Mire, sinceramente, yo no quiero amigos que manden armas para una guerra que no puedo ganar.




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