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2 de septiembre 2002 - 00:00

Política de medicamentos: la Argentina reinventa la rueda

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Es sumamente preocupante que millones de argentinos no puedan acceder a los medicamentos que necesitan. La dramática crisis del PAMI y de las obras sociales sindicales y provinciales, el desempleo y la pauperización de la clase media con su secuela de abandono de los prepagos y la disminución de los porcentajes de cobertura instrumentada por todos los aseguradores de salud, son un serio impedimento a la accesibilidad a los medicamentos para los sectores bajos y medios de nuestra población.

Lógicamente, si los medicamentos fueran más baratos -tan baratos como fuera posible-, serían más accesibles a la gente. Y, para abaratarlos, se propone que se elija el medicamento más barato dentro de un conjunto de medicamentos que, contrariando todo método científico, las autoridades declaran, sin admitir prueba en contrario, equivalentes y sustituibles.

Entre la discusión científica y el marketing, el ministerio prefiere el marketing. Lanza una campaña publicitaria de la que se infiere que cualquier medicamento que contenga el mismo principio activo producirá el mismo efecto en el paciente; obliga a los médicos a recetar según el nombre de la monodroga y traslada la decisión final respecto de cuál será el remedio que comprará el usuario final a una suerte de absurdo conciliábulo entre paciente y farmacéutico. El farmacéutico que sabe de farmacología, no conoce ni el diagnóstico ni la evolución clínica del paciente; el paciente es productor rural, ama de casa o astrónomo. Farmacéutico y paciente deliberan, entonces, acerca de cuál es el medicamento apropiado.









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