Por ahora, a telefónicas sólo les interesa ocho ciudades
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Una opción
Ya mismo, un usuario residencial del Gran Buenos Aires puede acceder a los precios más bajos de larga distancia que ofrece la empresa AT&T (hay que ver con qué ofertas se lanza el lunes Techtel) pero no tiene la misma oportunidad un consumidor que vive en Tandil.
El esfuerzo inversor de tender red propia repercute en una política cada vez más agresiva desde el punto de vista comercial para captar clientes. Esa situación deriva como hecho llamativo en que en noviembre, mes en que empezó a presuscribir AT&T, mientras CTI empezó a hacerlo a fines de octubre, el número de usuarios que cambió de prestador de larga distancia bajó, estimándose una disminución de 5%. (En octubre, la presuscripción ascendió a 618.000 abonados.)
Ese descenso se atribuye en primer lugar a la política comercial de las empresas, que con su insistencia estaría produciendo el fenómeno de que el consumidor acepte el cambio cuando en realidad no lo quiere. Así, según fuentes de la Comisión Nacional de Comunicaciones, se notó en noviembre un alto número de rechazos cuando el administrador de la base de datos (ABD) llamó al usuario para confirmar el cambio en el operador de larga distancia.
En algunos casos, el usuario se había cambiado de prestador hacía poco tiempo, de modo que no se había cumplido el plazo de 60 días para volver a cambiar, y en otros, el consumidor directamente admitió que había dicho que sí para sortear la insistencia de las llamadas, pero que en realidad no quería cambiar.
Límites
También es cierto que en noviembre comenzó a regir la Resolución 441 de la Secretaría de Comunicaciones, que pone límites a la presuscripción para evitar errores. De esta forma, también se registraron casos en que la persona que había solicitado el cambio no era el titular de la línea o el inquilino autorizado para tomar ese tipo de decisiones.
De todas formas, la leve baja de noviembre en la cantidad de presuscripciones no modifica el hecho de que la cantidad de cambios en la Argentina arroja un índice de 10 por ciento mensual, contra un promedio de 3 por ciento en los países en los que se abrió el mismo tipo de procedimiento.
A un mes de la desregulación, quedan todavía pendientes de resolución por parte de la Secretaría de Comunicaciones dos temas clave para fomentar la competencia: el discado multicarriers y la portabilidad numérica.
Cuestionamientos
El multicarriers implica la posibilidad de que el usuario, sin necesidad de cambiar de compañía telefónica, pueda cursar una llamada de larga distancia por la empresa que más le convenga en el momento, con sólo marcar un código previo. El sistema es cuestionado por las telefónicas incumbentes que son las que deberían cobrar esas comunicaciones por cuenta y orden del operador de larga distancia (como ocurre con las llamadas de un teléfono fijo a un celular).
El temor de las telefónicas básicas así como de las entrantes es que se genere un alto grado de morosidad en el sistema, porque Telefónica y Telecom no pueden cortar el servicio por llamadas impagas cursadas por otros operadores.
De todas formas, no se nota un fuerte interés de las entrantes por el multicarriers. Las nuevas quieren asegurarse al cliente empezando por las grandes empresas pero también a los residenciales; por eso ofrecerán también telefonía local desde ahora o en poco tiempo para todos los tipos de clientes que se encuentren en la ruta de la red de fibra óptica.
La portabilidad numérica, en cambio, parece convertirse en cambio, en un tema cada vez más apremiante. Si dos entrantes, como AT&T y Techtel prometen que en poco tiempo podrán ofrecer telefonía local y no sólo larga distancia a todo tipo de usuario en las ciudades más importantes del país, pasa a ser importante la posibilidad de que se pueda mantener el número telefónico. Porque si para cambiar de empresa hay que cambiar de número telefónico, esto podría operar como un elemento desestimulante.
En síntesis, el primer mes de la desregulación revela la sorpresa de que habrá siete o más redes de fibra óptica superpuestas que unirán las principales ciudades del país, pero quedan abiertos dos interrogantes: si la Argentina, aun en su zona central, tiene mercado para tantos prestadores o si se desatará una lucha feroz en la que sobrevivirán muchos menos de los que ahora están. Y en segundo lugar, si la desregulación telefónica, con su oferta de servicios sofisticados y rebaja de tarifas, no terminará acentuando el desequilibrio entre la parte rica del país y la más pobre.



