El dato de la inflación de diciembre, de sólo 0,2%, le dio un respiro al gobierno en uno de los temas que más lo preocupaban: el de la suba de los precios de los alimentos. Así, luego de la divulgación del índice, decidió desacelerar el proceso que parecía llevar casi inexorablemente a la temida intervención oficial. Y suspendió la reunión de ministros citada ayer para discutir el tema. Ahora proseguirán conversando con los industriales de la alimentación, los lácteos y los molineros (entre otros) para tratar de alcanzar un acuerdo que les permita llegar por lo menos hasta mayo sin sobresaltos inflacionarios. Pero lo harán desde una posición de fuerza: no aceptarán, dicen, que la reducción de los precios a pactar tenga costo fiscal. Los industriales ya le dijeron a Roberto Lavagna que, de reducirse el IVA a la mitad, los precios podrían caer 10%, y el menor estímulo para la evasión compensaría esa baja. El gobierno también decidió dejar de lado una iniciativa que ya provocaba fuertes críticas: el incremento de las retenciones a las exportaciones.
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