Habrá sido, posiblemente, el día más frío de los últimos 120 años en NuevaYork, pero esto no quiere decir que en el mercado las cosas no estén "calentándose" un poco más.
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Demostrando que los vaivenes de la sociedad son impredecibles, las últimas encuestas para las elecciones presidenciales muestran que el presidente Bush ha perdido otra vez terreno, y el resultado es completamente incierto. Poco importa que de los electores registrados 45% afirme que votará a cualquier candidato demócrata antes que al actual presidente, que sólo consigue 43% de adhesiones. Primero, aclaremos que las encuestas no son determinantes, después de todo, si bien Ronald Reagan fue reelecto con 58% de aprobación 10 meses antes de las elecciones, Bill Clinton lo logró con un apoyo de 47%. Con una aprobación a su gestión de 50%, Bush se coloca casi a mitad de camino, pero donde sale claramente perdedor es en el grado de desacuerdo: 45%. Este comentario puede parecer más "político" que "de mercado", pero es difícil soslayar las implicancias económicas que tienen los distintos escenarios que hoy se plantean. Mientras tanto, "el mercado" parece haber seguido inmune a lo que se está gestando en "el mundo real", y así, el Dow y el S&P 500 cerraron el viernes su octava semana consecutiva de suba luego de una rueda sin demasiado para destacar, en la que las Blue Chips, tras arrancar con un ligero movimiento descendente, se empinaron por la tarde para quedar en 10.600,51 puntos, mostrando una mejora de 0,44%.
Lo único destacable de esta última rueda es que los papeles tecnológicos, tan vapuleados en las dos jornadas anteriores, recuperaron el liderazgo y así el NASDAQ cerró ganando 1,5%.
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