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4 de junio 2007 - 00:00

¿Progresismo?: pobres sufren más

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Dos de cada tres las familias pobres en la Argentina no tienen servicio de gas en red y se abastecen de este insumo con garrafas, que son siete veces más caras que el gas natural.

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Con estos datos, un informe difundido ayer por el Instituto para el Desarrollo Social-Argentino (IDESA)

demuestra cómo las políticas del gobierno de Néstor Kirchner, «basadas en precios congelados y en subsidios discrecionales que desalientan la producción y exacerban el consumo», terminan perjudicando a los hogares de bajos recursos y beneficiando a los sectores medios y altos, cuando deberían hacer lo contrario.

«En el manejo arbitrario de precios y subsidios se filtran irritantes redistribuciones de ingreso desde los hogares pobres hacia los ricos», concluye la consultora de Osvaldo Giordano.

  • Puntos salientes

  • A continuación, los puntos más importantes del informe:

  • El 67% del total de los hogares tiene suministro de gas en red.

  • Dos de cada tres familias que están bajo la línea de pobreza fuera de los beneficiosde la política oficial recurren a garrafas, que cuestan 7 veces más que el gas en red. También utilizan carbón y querosén.

  • De esta manera, la arbitraria configuración de precios que las autoridades han fijado tiene implícitos impactos distributivos muy regresivos.

  • El caso del gas sugiere que no cualquier estrategia de intervención garantiza mejores resultados que el aumento del precio del servicio.

  • El supuesto beneficio de no aplicar incrementos en el valor del servicio es menor que los costos que producen los cortes. Los problemas de suministro imponen serias restricciones a la calidad de vida de las familias y a la producción de las empresas.

  • Subsidiar de manera indiscriminada a todas las familias sin distinguir niveles de ingreso es regresivo. Mientras los sectores medios y altos aprovechan el subsidio,la mayoría de los hogares pobres no lo pueden usufructuar porque no tienen la conexión de red.

  • La política del gas es un ejemplo más de la acumulación de distorsiones e inconsistencias, pero no el único. Refleja una alta dosis de oportunismo político y la falta de buenas ideas para diagramar estrategias que permitan evitar la inflación y organizar adecuadamente la producción y la distribución de los servicios públicos.
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