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La sociedad se desliza entre un cúmulo de representantes políticos o aspirantes a serlos, que discuten el modo de rearmar lo definitivamente desestructurado y legalizarlo en términos electorales. Es el país más visible, formal, que transcurre entre la mayoría de sus ajadas instituciones y despachos, que trata de construir ingenierías políticas que hagan institucional un ajuste fondomonetarista para atender una deuda cuyo servicios representa 8% del PBI.
Los objetivos de recrear un patrón de acumulación y crecimiento con preeminencia del capital extranjero, en un marco de apertura, desregulación y privatización de los activos restantes, no parecen entusiasmar a vastas capas de la población.
Por último, que el Estado funcione normalmente con media sociedad excluida sin destino y concentrada masivamente en los grandes distritos urbanos, sobre todo en el Gran Buenos Aires, suena poco creíble a los oídos de cualquier potencial votante. Son entonces nítidas las razones por las cuales la eminencia de unos comicios concita tan baja intensidad de expectativa y competencia electoral.
En este sentido, la llegada de un gobierno que intente reconducir el modelo implantado en los '90, agotado estructuralmente, obliga a trazar una suerte de paralelismo histórico respecto de la década del 70', cuando el retorno de Perón al gobierno supuso el intento de reproducir un modelo de desarrollo industrial de características similares a las de la inmediata posguerra. En síntesis, tal como pareciera plasmarse en los sucesivos borradores de carta de intención con el FMI, un intento de profundizar el camino recorrido en los '90, sólo puede conducir a un deterioro mayor de las instituciones y a distintos tipos de violencia.
Como contrapartida, sin una expresión política definida, circulan en innumerables núcleos intelectuales y académicos, en diversos centros de investigación estatales y privados y también en universidades, propuestas solventes en el plano técnico que intentan abrir el debate sobre lo que el sentido común de la población y el reflejo de países vecinos y lejanos recomiendan para resolver la crisis.
Estas ideas resumen planteos sobre un Estado capaz de regular los mercados, de generar políticas que permitan recuperar el consumo interno y reconstruir un patrón monetario local asentado en el equilibrio del sector externo y fiscal. La estabilización de las cuentas públicas debe basarse en componentes cualitativos distintos de los actuales, como la progresividad tributaria y el aumento exponencial de la eficiencia en el gasto. Y la reintegración social debe sustentarse en cuatro elementos clave: expansión del empleo, salario mínimo, cobertura universal de asalariados y no asalariados y un empresariado nacional como sujeto clave de una política productiva moderna.