6 de mayo 2002 - 00:00

R. Fernández: "Hay que llamar a elecciones"

El ex ministro de Economía, Roque Fernández, aseguró que «el sistema de presidencialismo parlamentario fracasó», por lo cual debería acelerarse un llamado a elecciones «para recuperar la confianza que permita atraer inversiones».

El economista del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA) consideró que el tipo de cambio que puede adoptar el país es secundario: «Cualquier esquema puede funcionar con solvencia fiscal, que es lo que aquí falta», enfatizó, al finalizar la reunión del Comité Latinoamericano de Asuntos Financieros.

Periodista: ¿Cree que este nuevo plan BONEX avanza en la dirección correcta?


Roque Fernández:
Puede ser parte de la solución si consiguen normalizar el sistema de pagos. Para ello también deben ser muy agresivos para liberar el «corralito» de inmediato para los depósitos transaccionales y controlar la liquidez adicional con medidas de esterilización del Central, como licitaciones de bonos o venta de reservas. No tiene sentido sobre enfoques gradualistas.

P.: ¿Qué propone para los plazos fijos reprogramados?


R.F.:
Mi idea es que estos depósitos queden en los bancos, integrando fideicomisos financieros para que cada banco responda. A medida que las entidades recuperen los créditos, irán pagándole a los ahorristas.

P.: ¿En este esquema, la gente aceptaría recuperar sus dólares?


R.F.:
Es difícil en estos fideicomisos asegurar algo firme al ahorrista. Pero los bancos mantendrán incentivo para recuperar cartera. Si el Estado asume todo el pago, entonces la entidad no tendrá tanta presión para recuperar créditos.

P.: ¿No es peligroso el incremento de deuda que asume el Estado por la colocación de los nuevos bonos en dólares?


R.F.:
Si la deuda que ya tenemos es muy difícil de pagar, incrementarla genera más incertidumbre. Pero hoy las dificultades están exageradas por la caída de la actividad. Si recuperamos la cadena de pagos y la Argentina vuelve a crecer, estas dificultades no serán tan grandes.

P.: ¿Alcanza con liberar el «corralito» para que la economía vuelva a crecer?


R.F.:
La liberación es una condición necesaria, pero no suficiente. La incertidumbre política sigue siendo predominante. Sin un rumbo claro y sin respeto de las reglas de juego, será muy complicado conseguir nuevas inversiones. Sin un mínimo de tranquilidad política es todo mucho más difícil.

P.: ¿Duhalde tiene margen para intentar una recuperación de la confianza?


R.F.:
La experiencia de gobierno parlamentario que tenemos es mala. Este concepto empeoró la situación porque diluyó el liderazgo político para emprender reformas. Sólo puede recuperarse la confianza con elecciones. Cuanto más rápido abandonemos este sistema mejor será para el país. Es necesario generar una expectativa de credibilidad en alguien.

P.: ¿Sigue viendo a la dolarización como alternativa para el país?


R.F.:
Cuando estudiamos la dolarización, en 1996 y 1997, me parecía que era una política que consolidaba la convertibilidad. Pero nunca fui un dogmático, porque me interesaba mucho más la solvencia fiscal. El tema fiscal es lo más importante, y la política cambiaria debe ser de segundo orden. La experiencia internacional es que cualquier tipo de cambio funciona bien cuando las cuentas públicas están sanas.

P.: Pero durante su gestión como ministro de Economía de Menem se incrementó el déficit.


R.F.:
En la década del '90 hubo muchas reformas estructurales. Me hubiera gustado más consolidar las reformas y avanzar con la flexibilización laboral. La Argentina hace un cambio democrático con la economía normalizada y riesgo-país en 500 puntos. Los que critican el aumento del déficit en aquel período estuvieron mal orientados, ya que trataron por todos los medios de exagerar la herencia. Pero lo que hoy padecemos es por culpa de lo que sucedió de 2000 en adelante.

P.: ¿Cree que hay posibilidades de recuperación en este contexto tan negativo?


R.F.:
A la larga, la racionalidad se impondrá. Una vez que las grandes transferencias se consoliden, estará en el propio interés de los argentinos de volver a una economía normal, integrada al mundo y con tasas bajas. Esto implicará hacer cosas parecidas a la década del '90. La clase dirigente estará interesada en respaldar este tipo de propuestas.

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