El impacto del martes no alcanzó a prolongarse ayer; los mercados alcanzaron a digerir «todo lo que le tiraban» en los inicios, y pudo verse un rebote encadenado que dotó al Dow Jones de repunte interesante, subiendo a 1,8% en el Bovespa y posibilitando que los demás se pudieran plegar al cese del fuego. Siempre quedan las dudas acerca de esos repuntes inmediatos, porque en plazas que se encuentran con un gran desorden y temores calando hondo, nada pasa a resultar confiable en lo inmediato. Los rebotes traen consigo ventas posteriores, que son las posiciones asumidas en los pisos de la depresión y que ya pueden salir a tomar ganancias, hasta sin pagar las compras originales. Lo más valioso del día habría que concentrarlo en que se evitó una segunda recaída, lo que acerca las «corridas» a situaciones más peligrosas.
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Y pone de manifiesto la endeblez de convicciones hacia las dos partes, como para que lo negro se revierta en blanco, en un suspiro. El Merval debió hacer lecho en los 2.026 puntos (unas 200 unidades por debajo de lo que había iniciado esta última semana, con 2.219). En su pico de reacción se fue a los 2.083, y cerró a 2.067; esto proporcionó 0,72% de aumento.
Después de tantas vueltas, al final febrero quedó como si no hubiera existido en la estadística. Apenas se percibe su presencia por 0,14% de diferencia que quedó respecto de enero. Fue necesario volumen grueso, $ 132 millones de efectivo, pero mucho más fue preciso poner a funcionar a Tenaris como en sus mejores tiempos. Con 585.000 acciones -enorme peso en los totales- y sumando 2,64% a los precios del índice. Volvió a ser la «locomotora», acompañada por algunas otras. Ayer, se salvó la ropa -y el mes-; ahora, se verá cómo sigue. Y la Bolsa, rezando.
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