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El problema es que el presidente Kirchner siempre actúa con violencia y poco conocimiento de la economía. Hizo mal en pedir a los intendentes que sean «fiscales» porque lo legítimo es pedirles -porque también son parte del Estado- que anoten (no que «controlen») precios, que los publiciten, que los difundan de cualquier manera como cotejo para el público, que faciliten cooperativas o instalen ferias, que creen ligas de consumidores. La inflación requiere varios antídotos -muy importantes son los financieros, por caso- pero hay uno fundamental: la mayor oferta de lo que escasea en forma natural o provocada. Este concepto de «aumentar la oferta» -aunque no se sepa si en formas legítimas o ilegítimas y perdidosas como «control de precios», «campañas contra el agio y la especulación», «ley de abastecimiento», «precios máximos»- es lo más destacable de la recopilación de declaraciones recientes de la flamante ministra de Economía, Felisa Miceli.
El gobierno tiene que aplicar juego limpio y la producción también. En este momento es evidente que se está faenando menos porque quizá las retenciones fueron exageradas. Pero cambiarían muchos enfoques si se importara carne vacuna.
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