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«Claramente se sienten más cómodos en la actividad rural y el sector alimentario que con el petróleo y el gas», coincidieron algunos de los consultados. Incluso se habla de una supuesta discusión entre Jorge Pérez Companc (uno de los hijos) y Vicente sobre hacia dónde debía marchar el grupo.
• Actividad principal
Las negociaciones fueron tan secretas como las que acaban de culminar en Brasil -los «PeCom» hacen del perfil bajo casi una religión y muy veloces: en menos de un mes y casi sin «due dilligence», el 8 de enero de 1999 se anunció el acuerdo por el que Molinos Río de la Plata pasó a integrar el grupo de «Goyo». El precio por 62% de Molinos rondó los u$s 630 millones (el restante 38% sigue cotizando en Bolsa).
Después, Pérez Companc Family Group siguió comprando: en los meses subsiguientes se quedó con Molfino y La Paulina, conformando la tercera empresa láctea del país; incursionaron en vinos finos adquiriendo una participación minoritaria de Nieto Senetiner, cuya compra total completaron hace algunas semanas (tomaron el restante 60%). La esposa de «Goyo», María Sundblad («Munchi», para su familia) decidió salir a competir en el negocio de los helados «premium» con su propia marca, elaborada con leche de ganado Jersey (del cual la familia es una de las principales criadoras del país). También se quedaron con los fideos Lucchetti, que eran del grupo chileno Luksic.
En total, desde la adquisición a B&B, Pérez Companc invirtió en el negocio alimentario unos u$s 230 millones, más otros u$s 62 millones que aportaron a Molinos en aumentos de capital.
Ahora, las compras en ese sector de la empresa que preside Juan Manuel Forn podrían tomar un nuevo impulso, atento a que el grupo obtendrá más de u$s 1.000 millones frescos, y que los activos industriales en la Argentina valen una fracción de lo que se cotizaban hace un año.
Fuentes del grupo dicen que lograron revertir -en medio de la recesión-una pérdida anual de u$s 40 millones que arrastraba Molinos con los dueños anteriores. Según balances presentados a la Bolsa, en 2001 consiguieron una utilidad neta de $ 24,3 millones. También redujeron la deuda financiera de u$s 400 millones que tenía Molinos al momento de la compra, a los actuales u$s 160 millones. El lado negativo es que esta última cifra equivale en pesos casi a lo que adeudaba Molinos hace cuatro años, cuando un peso era igual a un dólar.
• Exportaciones
Además, sus voceros dijeron hoy que intentarán que la pata exportadora de su negocio, que hoy representa 25% de su facturación, trepe por encima de 50%. El objetivo, con un dólar más cerca de los cuatro pesos que de los tres, no parece demasiado difícil de obtener. Según dicen en Molinos, sus principales mercados son hoy los países de la ex órbita soviética ( Rusia, Ucrania), pero que exportan a otras 50 naciones. En Rusia tienen 10% del mercado de aceite comestible con una marca propia, que están comenzando a elaborar en Ucrania en previsión de que esos países levanten barreras arancelarias.
Hace un tiempo, además, le compraron 50% de Conagra a la estadounidense homónima, que pasó a llamarse PecomAgra. Se trata de una empresa de molienda y exportación de soja y derivados, lo que fue visto como un claro indicio de su cada vez mayor compromiso con el campo y los alimentos. «Dada la creciente superficie sembrada y los rindes y calidad obtenidos por los productores argentinos de soja, Molinos estima que las perspectivas de este negocio son óptimas», dice un comunicado de la empresa en relación a PecomAgra. A confesión de parte...




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