Aparenta ser una noticia que beneficia a la Argentina, aunque no está claro aún lo que en contrapartida exigirá Hugo Chávez. Habrá un bono binacional con Venezuela y será por u$s 1.000 millones en principio. Chávez garantizaría el pago de un título de deuda a emitir por Felisa Miceli: como el riesgo que los inversores le asignan a Venezuela es menor que el local, la tasa a pagar por la Argentina será también menor con esa garantía. Una suerte de Brady, pero con seguro de pago venezolano en lugar de Estados Unidos. Otro esquema podría ser directamente a través de una emisión conjunta. Lo concreto es que el gobierno necesita fondos para acelerar obras que eviten una crisis energética. Como fracasó la gestión con las AFJP, ahora se recurre al prestamista de última instancia, Hugo Chávez, más accesible que los organismos internacionales o el mercado de capitales. Será seguramente lo más importante de la presencia de Kirchner en esta nueva cumbre de mandatarios del Mercosur.
Néstor Kirchner ha resuelto pasar su 4 de julio abrazado a Hugo Chávez y afianzando la idea de que el vínculo bolivariano se justifica en las prosaicas razones que expuso en España hace pocos días: «El compañero Chávez es muy generoso con sus vecinos, sobre todo desde que Estados Unidos abandonó a la región». En este viaje, además de vender al gobierno de Venezuela otros u$s 200 millones en bonos argentinos, el tesoro de ese país anunciará la emisión conjunta de un título con el de la Argentina, tal como se anticipó ayer en este diario. La novedad es, ahora, el monto por el que se emitirá esa deuda: u$s 1.000 millones.
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La operación financiera será anunciada por Kirchner y Chávez con bombos y platillos en Caracas, adonde el santacruceño permanecerá hoy y mañana, día de la independencia venezolana. La idea de seguir atando el programa financiero argentino a la «generosidad» bolivariana no corresponde a la oficina responsable por esta materia en el Ministerio de Economía. Todo el sistema financiero sabe que Alfredo Mac Laughlin, el secretario de Finanzas, es de la idea de agotar este sistema de endeudamiento tan heterodoxo para que la Argentina pueda volver al mercado, vendiendo sus papeles a operadores que proceden con una lógica convencional.
Sin embargo la Casa Rosada piensa distinto e instrumenta sus ideas a través de Julio De Vido, el responsable de la vinculación con Venezuela. El ministro de Infraestructura estuvo toda la semana pasada en Caracas planificando el lanzamiento de este bono «sui géneris». Anoche todavía era imposible vencer el secreto sobre cuál sería la estructura de este título. Tal vez porque no está definida: además de caracterizarse por la generosidad, el nexo bolivariano está adornado por la improvisación (las inversiones chinas que se triangularían por Caracas, el gasoducto imaginario, la flota que se construiría en Río Santiago ya prometen color a la historiografía de la época). En concreto: ¿se trata de un bono que emiten los tesoros de los dos países para repartirse el dinero de la colocación? Sería, ésta sí, una demostración de generosidad. El riesgo venezolano es menor que el argentino y, por lo tanto, Chávez paga por el dinero que obtiene una tasa menor que Kirchner (8% para Venezuela y 9,15% la Argentina). Esto quiere decir que el bolivariano está dispuesto a subsidiar a su socio patagónico pagando por ello más de un punto por los fondos que consigue en el mercado. Tal vez la cuestión sea motivo de debate en Caracas.
La alternativa es que, en rigor, el tesoro venezolano opere como una garante de los bonos que emita la Argentina. Con lo cual, el riesgo-país bajaría para quienes compren esa deuda ya que los tenedores podrían accionar, ante un eventual default, ante el «emirato bolivariano», cuya solvencia se presume eterna. Lo que se firmaría en Caracas sería, entonces, algo así como un Brady pero tropical.
Música celeste
Este tipo de entramado financiero será música celeste para Roberto Lavagna, quien resolvió hacer del vínculo entre Kirchner y Chávez uno de sus motivos de campaña. Aun cuando la idea de que la Argentina no debería volver al mercado internacional de deuda por muchos años porque «se había emborrachado en los 90» fue formulada por el fundador de Ecolatina, quien siendo ministro avaló el comienzo de esta hermandad bolivariana en materia financiera (Guillermo Nielsen dejó en su momento la gorra y el foulard para buscar plata en el Caribe).
Más allá de las mortificaciones proselitistas que imagina Lavagna, los operadores más sagaces del mercado se mostraban ansiosos ayer por descubrir cuál era la receta que se adoptaría en el caso del bono binacional. Quieren saber, sobre todo, cuál es el negocio que hará Chávez con su « generosidad». En el caso de los bonos que ya le compró a Kirchner hay algunas presunciones. Al parecer, le fueron vendidos a un par de bancos afines al gobierno venezolano, cotizándolos según el tipo de cambio controlado que rige en el país. Estos bancos podrían luego revenderlos en el mercado a un precio que, en algunos casos, sería 30% superior. Nadie puede demostrar que los funcionarios venezolanos tengan algún beneficio personal con este pase. Acaso haya que suponer que su ya legendaria «generosidad» alcanza también a los bancos.
El lanzamiento de este título binacional, al que anoche se le buscaba un nombre alegórico, será el momento estelar del viaje que emprendió Kirchner. Tal vez sustituya como motivo de acercamiento el famoso gasoducto que, con origen en el Caribe, descendería por la cintura cósmica de América del Sur hasta abastecer el mercado rioplatense. Ese sueño murió el día en que Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos, bajo asesoramiento técnico de Chávez. Desde Brasilia se dictaminó: «Sólo nos interesa el tramo que llega a Manaos y su zona franca. El resto que lo financien Uruguay y la Argentina».
Por suerte ahora De Vido firmó un acuerdo con Bolivia y sustituyó aquel gasoducto con otro: es el mismo del que se viene hablando desde hace tres años y que, en su momento, ofreció Techint como iniciativa privada. Ahora lo harían entre YPFB y ENARSA. El ministro promete iniciarlo a mediados de 2007 e inaugurarlo 18 meses más tarde, aun cuando no se sepa el precio del gas que se transportará: son los 20 millones de metros cúbicos diarios adicionales que se le comprarán a Bolivia por una cifra que no logró congeniarse hasta ahora.
De Vido es un hombre afortunado y suelecompensar las incertidumbres energéticas con dinero. Primero fue el que obtuvo del superávit fiscal. Ahora pensó en servirse de los fondos de las AFJP. No deben angustiarlo las resistencias técnicas que puedan oponer estas administradoras. Allá está Chávez, quien acercará de un modo u otro u$s 1.000 millones para que se siga comprando fueloil o se financie de apuro una planta de ciclo combinado y la crisis no llegue jamás.
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