Una rueda mundial que resumía las expectativas del día, que viene con tantas cargas de adrenalina extra: donde se dará a conocer qué modificará la Reserva Federal, respecto del ya remanido asunto de las tasas. El problema es que todo lo previo daba la sensación de estar « descontando» la novedad, solamente cambiando los números en función de ansiedad y necesidades de los que esperan otro « pescado», como los delfines en el tanque de espectáculos acuáticos. Tan conversado viene todo -y en función de darlo por hecho se sostuvieron los índices en estos días-que cuando aparezca: podría alcanzar un efecto mucho más «light», que lo que muchos aguardan. (Ni pensar en que no exista un nuevo recorte, donde se volvería a abrir el piso bajo los pies de los operadores.)
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Como se puede ver, todo sigue siendo un revulsivo de mercados en estado de gravedad y de gente que opta por la salida: antes de seguir con el corazón en la boca (el oro agradecido, ayer se vio de nuevo).
El Dow Jones deambuló por varios estados, hasta que posterior al cierre local se situaba en 0,8 por ciento de aumento. Muy bien el Bovespa, sumando casi 2 por ciento, pero todo resultó muy frío para el Merval. Haciendo piso justo en los «2.000», tuvo vuelo alto hasta los «2.035»: y al final, retornó a sus bases anteriores, con «2.003» unidades y un cero de diferencia.
Concentrados
Los intervinientes porteños fueron de los más concentrados en esperar para ver. El intento de poner optimismo se fue como vino y al amparo de un caudal de negocios que levantó levemente, hasta los $ 79 millones de efectivo. La paridad absoluta se trasladó también a los dos bandos de acciones, donde «46» papeles fueron en suba, pero «47» a la baja.
Una de esas ruedas donde lo que pasó en lo individual no pesa demasiado, porque las mentes están pendientes de variables extramuros. Hoy se dará vuelta la carta de la Fed, sin que le quede mucho en el mazo, y allí arrancará otro juego en la semana. Y la Bolsa, porotea.
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