Es cierto que algunos dudaron durante la primera parte de la mañana, pero pasado el mediodía ya era evidente que la de ayer sería otra rueda de suba más, en la que el Promedio Industrial terminaría anotándose hacia el cierre un nuevo máximo histórico (es el decimotercero en las últimas 18 ruedas y el cuarto consecutivo en la semana). Cierto es que, como ha venido ocurriendo de manera casi regular en las últimas dos semanas, la suba del Dow no fue nada extraordinaria, apenas 0,24 por ciento que colocó al promedio de las 30 empresas cotizantes más populares del globo en 12.163,66 puntos.
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Pero si tenemos en cuenta datos como que el precio de venta de las viviendas recién terminadas sufrió la mayor baja mensual en 35 años (9,7%), o que el índice Russell 2000 (empresas de tercera línea) ganó 1,2% quedando a punto de romper su anterior máximo histórico (del 9 de mayo pasado), podemos pensar que la suba es algo más "profunda" de lo que marcan los fríos números.
Claro que esto puede relacionarse con que en las últimas 18 elecciones legislativas (puras) el rendimiento del Dow desde 5 días antes hasta tres días después del acto fue de casi 3% (sólo hubo pérdida en 1994), o con que la suba diaria promedio de las empresas que han reportado "sorpresas positivas" en lo que va de la temporada de balances fue de tan sólo 0,26% (la más baja en algo más de cuatro años) en tanto la baja fue de 5,4%.
Es cierto que las ganancias de Exxon (la mayor cotizante del mundo) durante el ultimo trimestre (u$s 10.490 millones) quedaron como las segundas más grandes ganadas jamás por alguna empresa de cotización pública (la mayor fue Exxon con u$s 10.710 millones en el último trimestre de 2005) e impulsaron las acciones a un máximo histórico, pero la baja del crudo a u$s 60,36 le quitó algo de entusiasmo al anuncio (las acciones quedaron 1% debajo del máximo intradiario). Atención que en el "after" fue mal recibido el balance de Microsoft.
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