Sin FMI no hay trauma
(El periodista dialoga con uno de los más cercanos colaboradores del ministro Roberto Lavagna. Importa conocer el pensamiento íntimo de estos hombres.)
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Funcionario: Sin duda, nadie se atrevería a poner una fecha. Ni este año ni el próximo.
P.: ¿Eso qué quiere decir?
P.: ¿Pero eso podría significar un desastre?
F.: No estoy seguro. Mire, la verdad es que ellos objetan muchos puntos, reconocen que va a ser muy difícil para este gobierno cumplirlos y, sin embargo, no les interesa ahogarnos. Del lado nuestro, por otra parte, cumplimos con lo mínimo (pago de intereses, por ejemplo) y continuamos negociando en la búsqueda de un trato final. Pero es complejo, y hasta podría ocurrir que esta situación se mantenga hasta el próximo gobierno. No sería, pienso, un hecho traumático. Ninguna de las dos partes quiere que ocurra nada desagradable, todos sabemos que estamos en una transición.
P.: No me diga que han tirado la toalla.
F.: Al contrario, pero también somos realistas. Vemos la actitud de la Corte Suprema, vemos también la del Congreso y, si bien avanzamos en muchos puntos, es obvio que nos enterramos en otros. Inclusive, a esta administración le cuesta aceptar con realismo poner una firma de que en 2004 habrá un compromiso de superávit fiscal de 5%. Puede suscribir eso porque no van a estar en el gobierno, pero ¿cómo hará la Argentina para lograr ese superávit si en la mejor época de las vacas gordas, en tiempos de Domingo Cavallo, apenas regis-tramos un superávit de 1,8%? Parece fantasioso o mentiroso un compromiso de este tipo.
P.: ¿Y con la Corte o los jueces por qué la situación está tan complicada?
F.: Mire, la verdad es que yo creo que hubo interferencias políticas. Lo del juez de Mar del Plata no lo entiendo, supongo que el propio Eduardo Duhalde tendrá que explicarlo, ya que él lo designó a instancias de algún amigo. En cuanto a la Corte, debo decirle que para nosotros había una promesa de ese cuerpo de no pronunciarse sobre el tema de los amparos. Por esa razón, inclusive, el ministro le dijo a Anne Krueger cuando ésta le preguntó como siempre por el tema: «Mire, la Corte argentina es como la de los Estados Unidos. No tiene tiempos, por lo tanto no sabemos cuándo ni cómo procederá».
P.: ¿Y entonces qué ocurrió?
F.: Eso es lo que no sabemos y, en alguna medida, algunos piensan que se trata de una represalia del menemismo. No parece casual que esto haya ocurrido 24 horas más tarde de que se hizo el acuerdo con los gobernadores.
P.: ¿No le parece una visión un tanto conspirativa?
F.: Tal vez lo sea, tal vez estemos equivocados, pero uno suponía que, si bien no iba a ocurrir un pronunciamiento a favor del gobierno, tampoco lo esperábamos en contra. No entendemos por qué reaccionaron tan rápido en esta cuestión.
P.: ¿Y por qué tantos problemas con el Congreso si consiguieron la firma de los gobernadores?
F.: La verdad, somos hombres de la economía y nos cuesta entender ciertos enjuagues. Lo cierto es que no pudimos incluir el aumento de las tarifas porque los legisladores sostuvieron que ellos no querían asumir esa responsabilidad. Por lo tanto, las tarifas las incrementará el gobierno, luego desestimará la Justicia ese aumento y, por fin, otra vez la responsabilidad caerá sobre el Parlamento. Es lo que hay y esto más o menos lo entienden en Washington. Uno quisiera hacer las cosas de otro modo, pero ésta es la realidad.
P.: ¿Tanta resistencia es por demagogia, amor a los consumidores o existe otro problema?
F.: Fíjese lo que está ocurriendo hoy. Aunque suscribieron el acuerdo, radicales, el ARI de la Carrió, y algunos peronistas insisten en que se vote prioritariamente la postergación de las ejecuciones por 180 días. Es un disparate, atrasa más la posibilidad del crédito para el país, pero veremos cómo lo resuelve Duhalde. Le digo, con certeza, que algunos legisladores de la oposición están enojados porque vetamos la ley que permitía pagar deudas con bonos. Habría que averiguar quiénes están comprometidos personalmente en esa maniobra. Yo tengo algún nombre, pero mejor averígüelo usted que es periodista. Lo que no podíamos aceptar es que esta carga la soportara, otra vez, la Tesorería.
P.: A propósito de los bonos, tampoco anda bien esta segunda parte del canje. ¿Qué harán cuando finalice?
F.: Nada, ya hicimos todo. Y con la Corte, como le dije, no podemos contar.
P.: Por lo tanto, nos dedicamos a otra cosa, como expandir el gas licuado.
F.: No es menor esta cuestión, no la desprecie. Para Lavagna, esto podría ser como cuando se dedicó el país a plantar soja. O sea, una revolución. Lo del GNC puede ser lo mismo para dentro de 5 o 7 años y revolucionar el país.
P.: Despreciaron alternativas como el hidrógeno...
F.: Es cierto que puede ser más ecológico, pero lo del GNC tiene buen expertise argentino, se desarrolla y tiene para el futuro próximo alta incidencia. En caso contrario, no estaríamos pensando en una guerra en Irak. Todavía petróleo y gas importan.
P.: A pesar de los problemas con el FMI, la consigna es mantener la negociación, el statu quo hasta las elecciones.
F.: No, el propósito es firmar un acuerdo razonable, que haya asistencia, pero vemos lo que piensan ellos y conocemos las limitaciones nuestras. Vamos a tratar de lograr lo mejor posible para el país.
P.: Para ser justo, en términos políticos no le fue mal a Lavagna en todo este ciclo. ¿Se puede pensar en algo más para él?
F.: Bajo ningún aspecto, aun cuando sabemos que, si no ocurren catástrofes, la situación real de la economía argentina mejora más de lo que dicen las estadísticas. Y, como usted sabe, el primer trimestre del año próximo robustecerá mucho más la recuperación. Pero Lavagna no piensa en nada de política.
P.: Tampoco pensaba ser ministro de Economía cuando estaba de embajador en Bruselas...
F.: Sí, es cierto, pero difícilmente esos episodios se repitan.
P.: Me dejó una duda. Le hago una última pregunta: ¿para qué viaja Lavagna la semana próxima a Europa?
F.: Esencialmente, mucho de lo que va a hacer se podría hacer por teléfono. Pero, la verdad es que el ministro fue mucho a los Estados Unidos y hay otros componentes del FMI, inversores de la Argentina, que también necesitan atención y cuidado. Pero, claro, no se puede hacer mucho en 5 días visitando 4 países (Francia, España, Alemania e Italia).
P.: De esos cuatro países no hay una opinión coincidente sobre la Argentina...
F.: Sí, es cierto, estamos muy bien con Francia, con Italia, algo pasó con España y nada bien con Alemania. Por eso hay que visitarlos, pero en rigor nunca hemos recibido demandas concretas ni siquiera de las naciones más indiferentes.




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