Sólo gana Zimbabwe
Difícil es medir y comparar la intervención y el maquillaje del gobierno en el INDEC. Un especialista en estadística de Canadá, ahora en Naciones Unidas, se atrevió a hacerlo. El resultado fue contundente: sólo Zimbabwe, que tuvo hiperinflación, efectuó una alteración mayor a la de la Argentina. Es comprensible que haya pocos casos de dibujo de estadísticas en el mundo. Siempre, por más negativos que sean los datos, conviene conocer la gravedad de una situación. Pero no pareciera ser la elección del gobierno, más interesado en seguir viviendo en su propio mundo de maravillas estadísticas.
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Jacob Ryten
P.: Lo ocurrido en la Argentina sería único...
J.R.: Recuerdo un caso peor: en Zimbawe, cuando la inflación llegó a 10.000% anual, el presidente decidió cerrar la oficina porque consideró que ya no tenía sentido seguir midiendo. Creo que la Argentina no quiere tener a ese país africano como ejemplo.
P.: ¿Servirá de algo copiar el IPC de Estados Unidos, como quieren implementar acá?
J.R.: El INDEC no tiene los recursos ni económicos, ni técnicos,ni humanos para copiar ese índice. Ese IPC es sumamente caro, en primer lugar, porque está basado en una muestra aleatoria de productos por lo que es necesario montar todo un operativo. Además, debe tener una cobertura geográfica que se traduce en miles de encuestadores con una distribución casi uniforme a lo largo del territorio nacional. Por último, en Estados Unidos se ajusta el índice con la evolución de la calidad de los productos. Es decir, no se interpreta el alza de precio como una simple suba sino como un cambio de calidad. El índice norteamericano es el Rolls Royce de los IPC.
P.: ¿Es utilizado en algún otro lado este IPC?
J.R.: No. Hubo varios momentos de la historia de la oficina de estadísticas de Canadá en los que se analizó ponerlo en práctica, pero es muy costoso. La evaluación que habíamos hecho era que la mejora que se podía lograr en la exactitud no se condecía con el incremento de su costo. El IPC de Canadá, hace 15 años, tenía un presupuesto de u$s 25 millones y con el incremento se pasaba a alrededor de u$s 38 millones.
P.: ¿Tiene noción de cuántocuesta elaborar el IPC acá?
J.R.: El costo del IPC en la Argentina no equivale ni a la décima parte de lo que vale un índice de Canadá. Allá se tiene alrededor de 90 técnicos como personal de planta, cuando acá son muchos menos. Y eso sin contar a las personas que trabajan para relevar en las provincias.
P.: Cuando salga el nuevo IPC, ¿será posible empalmar esta serie del índice con la anterior?
J.R.: Todo depende de la relación entre ambos índices, es un cambio muy profundo. Habría que hacer un empalme durante un año, es decir, tendrían que existir las dos versiones. Si el cambio no es profundo, es posible hacerlo, pero en verdad como no se sabe bien en qué consiste la nueva medición, no es posible anticiparlo.
P.: Luego de casi un año, ¿es todavía posible que el IPC se torne creíble?
J.R.: Francamente después de todos estos meses de intervención es muy difícil aconsejar qué hacer. Y no tiene tanto que ver con problemas técnicos sino más con los inconvenientes sobre la percepción. No sé si hay alguien en la Argentina que cree en la exactitud del índice. Es muy complicado saber el grado de confianza que hoy tiene el IPC.
P.: Y, prácticamente nula...
J.R.: Entonces cómo poder empalmar no tiene respuesta. Ese es el grave problema de las intervenciones: no es sólo el daño que hacen a los números sino a la percepción. Una de las primeras cosas que habría que implementar sería el reemplazo de las personas que trabajan ahora con el índice contaminado por técnicos que no estén involucrados con lo que está pasando. Es una lástima cuando se piensa que el INDEC era el instituto más capacitado de la región y que el IPC era el más profesional. En un año se destruyeron ambas cosas y no tengo la mínima idea de con qué ventajas, porque no es una forma de frenar la inflación ni por supuesto de medirla.
P.: Cuando se publique el nuevo índice seguramente será consultado nuevamente para que evalúe su efectividad...
J.R.: Más importante que consultarme a mí sería que pregunten a los usuarios y al público en general, si es que tienen confianza en el índice. Si la respuesta colectiva es no, entonces poco importa si el IPC es una maravilla.
Entrevista de María Iglesia




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