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10 de mayo 2006 - 00:00

Subió por temor más que por valor

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Tal vez, la mejor manera de caracterizar lo acontecido ayer involucre la idea de algo parecido a una búsqueda de "seguridad" por parte de los inversores. A primera vista, podría parecer que decimos esto por el salto de más de 3% que pegó la onza de oro a u$s 700,3 (mercado spot), un valor que si bien está lejos de aquel record de u$s 850 alcanzado en 1980 (son todos valores nominales), igualmente es el más alto de los últimos 25 años y refleja algo más que las compras de algunos bancos centrales o la depreciación del dólar (los menos inteligentes dicen que el oro sube porque el dólar baja; lo curioso es que el metal amarillo voló 35 por ciento en lo que va del año, mientras el yen -ayer en 111,15 por dólar- subió sólo 6% y el euro 8% -ayer en u$s 1,2763-). Ese algo más se llama desconfianza y explica también los precios récord alcanzados por otros minerales, como el platino, el zinc y el cobre. Irónicamente, en un escenario en que el dólar se deprecia día a día, esta desconfianza se torna en un factor positivo que coadyuda a impulsar al Dow a intentar romper su último máximo histórico (tras 0,48 por ciento ganado en la víspera, cerrando el Dow en 11.639,77 puntos, faltan apenas 100 puntos), merced al arbitraje de carteras (ayer el NASDAQ cedió 0,29 por ciento) y haciendo caso omiso a los temores que despierta la actual conducción de la Reserva Federal (la tasa a 10 años trepó a 5,134 por ciento). No hay que olvidar que las blue chips son los papeles con los mejores subyacentes fiscos. Sorprende, eso sí, que fuera General Motors la estrella del día gracias a la alquimia contable que le permitió transmutar su pérdida en una ganancia de 450 millones de dólares.

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