18 de junio 2003 - 00:00

Tarjetas chicas: hoy 66% de sus ventas son en alimentos

Tarjetas chicas: hoy 66% de sus ventas son en alimentos
Si la crisis económica fue durísima para las tarjetas de crédito emitidas por los bancos, para las no bancarias en muchos casos fue sinónimo de desaparición; las que lograron pasar la tormenta y permanecer vivas están tratando de depurar sus carteras de clientes, administrarse con fondos propios (ante la ausencia de financiación bancaria) y apoyándose casi exclusivamente en los consumos de primera necesidad.

Hoy la cantidad de plásticos de esas «segundas marcas» en el negocio de los medios de pago es la mitad que hace dos años, casi dos terceras partes de sus ventas son de comestibles y otros artículos básicos, y la cantidad de empresas -a pesar de que no hay cifras oficiales- se contrajo en cerca de 20% (de unas 250 a menos de 200 en todo el país).

El fenómeno de las denominadas «tarjetas regionales» floreció en la década pasada como una alternativa a las marcas líderes, que siempre tuvieron dificultades para penetrar los sectores socioeconómicos medio-bajos y bajos. Lo hicieron desde el Gran Buenos Aires -en especial en las zonas Oeste y Sur- y también desde las principales ciudades del interior. Hoy su ticket promedio no llega a $ 40, contra los $ 60 a $ 70 de las marcas líderes. Muchas de esas tarjetas fueron muy exitosas -por caso Provencred y Naranja- y terminaron siendo incluso adquiridas por bancos. Pero otras, después del fin de la convertibilidad y la casi desaparición del consumo, debieron bajar la persiana o reducir de manera dramática sus operaciones. En la zona Oeste del Gran Buenos Aires, tres de los nombres más tradicionales e importantes del negocio -que en conjunto llegaron a tener 100.000 plásticos en la calle-hoy tienen una presencia poco más que nominal.

«Para las marcas líderes, la venta en supermercados representa 30% de su facturación; para las no bancarias, ese número hoy se eleva a casi 66%; esto marca claramente que nuestros clientes, que hasta 2001 usaban el plástico para adquirir otra clase de bienes, hoy sólo pueden comprar comida, artículos de limpieza, de higiene personal y poco más»,
dice NéstorYoan, de CrediRed, emisora de estos medios de pago. Por eso, para todas ellas, es crucial tener su «calco» en la vidriera tanto de las grandes cadenas de supermercados como en el almacén o el autoservicio del barrio.

• Pérdida

Y si bien es verdad que los bancos perdieron casi 30% de sus carteras de tarjetas en la crisis, también lo es que la movilidad hacia marcas más baratas que se verificó en casi todos los órdenes del consumo, no se produjo -salvo algún caso puntual-en el campo de las tarjetas de crédito. De hecho, en 2001 había cerca de 2 millones de tarjetas regionales en circulación; hoy esa cifra no llegaría al millón de plásticos (sólo la mitad de ellas activas), lo que está marcando que su pérdida de cartera supera 50%.

«Siempre se apuntó al segmento C3-D1, o sea gente que gana entre $ 500 y $ 1.000 mensuales; es la gente que tiene su ingreso real más recortado por la crisis»
, agrega Yoan.

Por eso, seguramente, «los niveles de mora, que siempre fueron más altos que en el sistema financiero, subieron en la crisis hasta 30 por ciento, pero hoy volvieron al tradicional 20 por ciento. Lo mismo pasó con la incobrabilidad, que tocó 4 por ciento y hoy anda en 2%», dice Carlos López, presidente de Card Club y socio en una procesadora de tarjetas regionales. «Pero también es cierto que las empresas que sobrevivieron limpiaron sus carteras y se ve una cierta recuperación del consumo».

Respecto del año pasado, las tarjetas no bancarias registrarían un incremento cercano a
10%, pero igual siguen muy lejos del pico histórico: «En 1999 estas tarjetas movían unos 1.500 de dólares anuales; hoy es muy difícil saber cuál es el monto aproximado», dice Jorge Insúa, de Carta Franca. Si bien esta tarjeta se emite en bancos, también procesan datos y transacciones de regionales. Explica que «la falta de recursos financieros es dramática para una empresa que da créditos al consumo, no tiene un banco atrás y no puede captar depósitos: la única manera de seguir con vida es metiendo la mano en el bolsillo de los socios; los que lo hicieron e hicieron bien las cosas, siguen en el mercado...».

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