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23 de noviembre 2006 - 00:00

Tensa reunión con ofensas y amenazas

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«Me torcieron el brazo... tuve que ceder», repetía el secretario de Agricultura, Miguel Campos, durante la reunión que mantuvo con una de las entidades del agro al dar marcha atrás con la medida que más defendió, lanzada en los últimos meses de la gestión de Lavagna. Se refería a la disminución del peso mínimo de faena, como pedía la producción, la medida que permitiría aliviar la escasez de oferta de carne, al menos en la coyuntura.

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Los productores que se sentaron frente a Guillermo Moreno, Miguel Campos y el subsecretario Javier de Urquiza entablaron una pelea dialéctica, cada uno a su estilo, con los funcionarios de turno.

«No me importa nada Liniers, no es transparente... no me importa un...», azotaba Moreno a productores cuando debió escuchar quejas por la imposición de precios máximos en el principal mercado concentrador de hacienda del país. «A mí me importan los consumidores...», repetía luego de explicar los argumentos del gobierno para admitir que se faenen animales jóvenes, por encima de 260 kilos. «A Liniers le puse precios máximos porque con tres o cuatro jaulas marcan la tendencia», repetía Moreno. Y reconocía que según los cálculos oficiales, si se mantiene el actual ritmo de exportaciones y de demanda durante el tercer trimestre del año la carne debería aumentar 6% (12% calculado contra el año anterior). Según la misma hipótesis, si se proyectara la faena anual hacia diciembre la misma debería caer 3%, aunque es un dato que se replica históricamente en la industria de la carne. Y pese a que el volumen de ventas de Liniers se ubica en 12% aproximadamente por debajo de los valores de 2005, la previsión también contempla una suba en el consumo durante el trimestre y el verano.

  • Proyecciones

  • Para el gobierno, el consumo anual aumentaría 4% este año y aunque aún no se definió qué hacer con las exportaciones (se habla de cuotificación o bien autorregulaciones) se estima que si continúan al ritmo actual faltará inevitablemente la carne. Sólo se deberían exportar 45.000 toneladas en los próximos meses para no provocar un estallido de precios internos.

    «Lo máximo que podemos hacer es reducir el peso de faena», reconocía Moreno. «Pero hay que arreglar el tema de las exportaciones, las cuotificaciones nos perjudican, hace falta un trabajo más ordenado», explicó uno de los interlocutores por la producción. «Me importan poco los frigoríficos. A mí nadie me tuerce el brazo», decía Moreno, mientras Campos, que había admitido que a él sí se lo torcieron, se acomodaba incómodo en su silla. «A mí ningún frigorífico me dice qué hacer», agregaba.

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