En ese marco, el petróleo llegó a acumular avances de hasta 53% durante 2026 por las tensiones en Medio Oriente, mientras el cobre y otros minerales estratégicos fueron impulsados por restricciones de oferta y una demanda creciente vinculada con infraestructura, electrificación e inteligencia artificial. A su vez, el oro se sostuvo en niveles históricamente elevados, respaldado por las compras de bancos centrales y la búsqueda de cobertura.
A ese contexto internacional favorable se suma, además, un cambio relevante dentro de la propia economía argentina: la expansión de Vaca Muerta, que permitió aumentar las exportaciones de hidrocarburos y, al mismo tiempo, reducir la necesidad de importar energía, por lo que la mejora de las cuentas externas ya no es traccionada solamente por los precios más altos, sino también por las mayores cantidades enviadas al exterior.
Qué explica la mejora de los términos de intercambio
La mejora en los precios de intercambio durante el segundo trimestre se dio a raíz de que los precios de los bienes exportados aumentaron alrededor de 13,8% interanual, mientras que los correspondientes a las importaciones avanzaron 8,2%.
Esa diferencia tuvo, además, un impacto concreto sobre las cuentas externas. Según las estimaciones disponibles, la mejora de los precios relativos aportó alrededor de u$s1.224 millones adicionales en el período en cuestión, en relación a un escenario con los mismos precios del año pasado.
Para Federico Vacarezza, economista especialista en comercio internacional, el fenómeno responde a una combinación excepcional de mercados externos. "El salto de los términos de intercambio es real y responde a un combo perfecto. El mundo vuela en precios de petróleo y minerales clave, como cobre, litio y oro", explicó, en referencia a bienes que ganaron peso dentro de la canasta exportadora argentina (salvo el cobre, cuya expansión se proyecta para los próximos años).
En la misma línea, Federico Bernini, economista del IIEP-UBA, remarcó que detrás del movimiento en los términos de intercambio no existe un único factor, sino distintos shocks que afectaron simultáneamente a varias materias primas. "La guerra en Medio Oriente afecta al petróleo, mientras que la guerra entre Rusia y Ucrania tiene impacto sobre los granos. A eso se suman malas cosechas en Estados Unidos y Europa", explicó.
La combinación de la suba de los precios de la energía y la expansión de Vaca Muerta fueron centrales para la mejora de la balanza comercial.
El superávit también se apoya en mayores cantidades exportadas
Entre enero y julio, la Argentina acumuló un superávit comercial superior a u$s16.000 millones, mientras que las exportaciones alcanzaron unos u$s58.365 millones y crecieron 22,9% interanual. Sin embargo, ese avance no respondió solamente a la mejora de los precios internacionales, ya que también estuvo acompañado por un incremento significativo de las cantidades vendidas al exterior.
En ese sentido, Vacarezza destacó que detrás del crecimiento exportador convivieron ambos factores. Según explicó, las mayores cantidades, principalmente de petróleo y litio, aportaron alrededor de 12%, mientras que el shock favorable de precios internacionales sumó otro 9,5%.
Por eso, el economista remarcó que el desempeño del comercio exterior no puede atribuirse exclusivamente al viento de cola externo. "¿Hay precio? Sí. ¿Pero hay cantidades? También. El precio ayuda", resumió.
El aumento de los volúmenes, además, se extendió a distintas ramas de la economía. Bernini destacó el crecimiento de Vaca Muerta y el aporte de una cosecha históricamente elevada, aunque también señaló avances en las exportaciones de carne vacuna, productos farmacéuticos, lácteos y pickups.
Más allá de los factores geopolíticos que influyeron en los precios, el agro pudo aprovechar una producción y niveles de exportación sin precedentes.
De esta manera, la mayor oferta exportable empieza a ampliar las fuentes de divisas más allá de los complejos que tradicionalmente explicaron buena parte del comercio exterior argentino. Dentro de ese proceso, la energía representa uno de los cambios más relevantes; entre enero y julio, el sector acumuló un superávit de u$s6.853 millones, tanto por un crecimiento del 50% interanual en las exportaciones, como por una menor necesidad importadora derivada de la mayor producción doméstica.
Para Vacarezza, esa transformación también empieza a modificar la estacionalidad histórica del ingreso de divisas. "Con el aumento de las exportaciones de petróleo nuestra economía rompe definitivamente el perverso ciclo de la estacionalidad del agro al que estuvo históricamente sujeta", afirmó. Así, el flujo de dólares se vuelve más estable a lo largo del año.
Sin embargo, vale aclarar que el tamaño del superávit no responde únicamente a factores expansivos. Bernini advirtió que una parte también se explica por importaciones contenidas debido al nivel de actividad, especialmente en bienes de capital e insumos.
¿Nuevo superciclo de precios o una oportunidad transitoria?
La principal incógnita pasa ahora por cuánto tiempo puede sostenerse el escenario de precios favorables. Aunque una parte del impulso responde a factores estructurales, como la mayor demanda de minerales vinculados con la electrificación y las nuevas tecnologías, otra porción importante de las subas recientes se explica por conflictos geopolíticos y problemas de oferta que podrían revertirse con relativa rapidez.
Vacarezza reconoció justamente esa combinación. Según explicó, los precios actuales responden a varios fenómenos que coincidieron al mismo tiempo, entre ellos el conflicto con Irán, una demanda internacional todavía firme y una economía mundial que continúa creciendo, aunque a menor ritmo. Por eso, advirtió que, si esas condiciones cambian, también podrían corregirse los precios de las materias primas.
Sin embargo, el economista diferenció esa volatilidad internacional de los cambios que atraviesa la estructura exportadora argentina. "Estamos en una nueva etapa que, más allá de las coyunturas y las políticas cambiarias de turno, es estructuralmente favorable y eso es lo que va a permanecer", sostuvo.
En ese sentido, Bernini planteó una distinción entre precios y cantidades. "Creo que las cantidades pueden sostenerse creciendo en tanto y en cuanto se mantenga una visión aperturista", explicó.
Sin embargo, se mostró más cauteloso respecto de las cotizaciones internacionales, ya que considera que "los precios no creo que se sostengan mucho tiempo porque están basados en problemas de abastecimiento que podrían solucionarse".
A diferencia de periodos anteriores, la mejora actual de los términos de intercambio se apoya en factores que podrían cambiar rápidamente, cómo el cierre de Ormuz.
Más allá de la duración del ciclo, la discusión también pasa por cómo aprovechar el ingreso adicional de dólares. Vacarezza marcó una diferencia respecto del período 2003-2012, cuando, según su interpretación, "la soja financiaba el gasto público", mientras que actualmente el shock externo funciona como "una suerte de escudo o, más bien, de oxígeno" para el esquema cambiario.
Frente a este escenario, sostuvo que los dólares deberían destinarse a acumular reservas netas reales y avanzar en la salida de los controles cambiarios, en lugar de utilizarse para sostener una apreciación artificial del peso.
Bernini coincidió en la importancia de fortalecer las reservas, aunque puso el foco en su función anticíclica. A su juicio, acumular divisas durante la etapa favorable permitiría moderar una apreciación excesiva del peso y, al mismo tiempo, contar con margen para amortiguar una eventual caída posterior de los precios internacionales.
La principal diferencia entre ambos especialistas aparece alrededor del riesgo de enfermedad holandesa, es decir, una apreciación de la moneda provocada por un fuerte ingreso de divisas provenientes de recursos naturales que termine perjudicando la competitividad de otros sectores.
Vacarezza advirtió que un aumento muy marcado de los dólares de energía y minería podría afectar a la industria tradicional y a las economías regionales. Bernini, en cambio, no considera que ese riesgo sea significativo por ahora, ya que el flujo de exportaciones argentinas todavía se encuentra lejos de los niveles que reciben economías intensivas en recursos naturales como Australia o Chile.
De esta manera, más que depender exclusivamente de si los commodities ingresaron o no en un nuevo superciclo, el desafío para la Argentina pasa por convertir una coyuntura externa excepcional en una mejora más duradera de su capacidad exportadora y de su posición externa.
Para eso, la diferencia estará en cuánto del ingreso extraordinario de dólares pueda transformarse en reservas, inversión y mayor capacidad productiva antes de que vuelvan a cambiar las condiciones internacionales.