26 de octubre 2005 - 00:00

UIA aprueba acercamiento a CGT, donde habría división

Carmelo Angulo Barturén, embajador de España.
Carmelo Angulo Barturén, embajador de España.
La Junta Directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA) aprobó ayer todo lo actuado por los miembros del Comité Ejecutivo en lo que hace a retomar el diálogo con la CGT. La Junta es un órgano de más de sesenta integrantes, en el que están representados todos los sectores fabriles y también las regiones que conforman la entidad; de ahí la importancia de lo decidido en la víspera. Es que muchos de los industriales que la conforman mantienen un natural (y en algunos casos razonable) recelo respecto de sus contrapartes gremiales.

Y aunque no se comentó de manera pública, hay una cuasi certeza entre los empresarios de que el secretario general de la central obrera, el camionero Hugo Moyano, estaría enfrentando una complicada interna en su propio frente. Quienes lo cuestionan son sus pares de gremios que no tienen ni la fuerza ni las condiciones para conseguir aumentos ni lejanamente comparables a los que logran las huestes de Moyano amenazando con parar el país o paralizando determinadas actividades.

Puede tomarse el caso de los recientes acuerdos que involucraron a los choferes y empleados de logística de las firmas que producen bebidas sin alcohol y cervezas, que obtuvieron incrementos que llevaron sus básicos a $ 2.540; en contraposición, el gremio de los empleados de comercio -que forma parte del personal de esas empresas- acaba de cerrar un acuerdo para todo el sector que fija un básico de apenas superior a los $ 750.

En la misma o peor situación se encuentran compañeros de Moyano en el secretariado general de la CGT, como Andrés Rodríguez (empleados públicos, con salarios congelados), Gerardo Martínez (construcción, con buena parte de su base «en negro»), Julio Piumato ( judiciales, también congelados) y sobre todo Juan Manuel «Bocha» Palacios ( colectiveros, un sector en graves problemas por el congelamiento de tarifas).

En resumen, podría decirse que en general la industria recompuso sus ingresos de manera significativa, todo lo contrario de lo que pasa en el sector servicios, y muchísimo menos entre los trabajadores «en negro», que según estimaciones conforman 45% de la población activa del país. Esa más que obvia diferencia salarial entre camioneros y otros sectores complica mucho la relación de los sindicalistas de los «atrasados» con sus bases.

• Disparador

La llegada del español Jaime Montalvo Correa, titular del Consejo Económico Social (CES), obró como un disparador para que gobierno, sindicalistas e industriales aceptaran la idea de volver a conversar sobre la relación entre salarios e inflación. Pero a pesar de las buenas intenciones declamadas el lunes y ayer, los industriales tendrían problemas en encontrar interlocutores del lado sindical.

La aspiración de máxima de los empleadores industriales, tal como apuntó ayer este diario, es poner en marcha un diálogo que culmine con un acuerdo sobre
cuatro puntos básicos:

• aumentos salariales proporcionales a mayor productividad;

• una ley de accidentes de trabajo sin la «doble vía» ( indemnización de la ART más demanda judicial);

• combate al trabajo informal;

• conversión del sistema de doble indemnización por despido en un seguro de desempleo por dos años.

Sin embargo, los dirigentes de la UIA se cuidaron muy bien en incluir esos puntos en las charlas con la CGT iniciadas el lunes.
«La idea era reconstruir el vínculo, que había quedado cortado a principios de año», dijo una fuente de la UIA.

Quien «cortó el vínculo» fue el ministro
Roberto Lavagna, que calificó a aquellas charlas de «acuerdos de cúpula que no sirven para nada». Ahora, por razones que quizá tengan que ver con la amenaza inflacionaria que ya nadie niega, al menos en privado, el propio Lavagna llevó ayer la idea al despacho de Néstor Kirchner, según una versión emanada de Casa de Gobierno. También, de acuerdo con otro rumor, Felisa Miceli -titular del Banco Nación- habría conversado del tema con el Presidente.

Por ahora, después de la cena en la residencia del embajador español
Carmelo Angulo Barturén el lunes por la noche -que convocó a la máxima dirigencia de la CGT y de la UIA- no están previstos pasos, gestiones y/ o reuniones para continuar con el diálogo. Montalvo Correa ofreció el aporte teórico e incluso práctico ( enviando personal del CES español) para la conformación de un pacto similar en la Argentina. «Cuando arrancamos, teníamos 180 millones de horas/conflicto por año; ahora estamos en diez millones», relató a los postres el huésped. Era otro país, otra economía, otro sindicalismo, otra industria, debería haber sido la respuesta a su afirmación, respuesta que varios pensaron pero que nadie se atrevió a poner en palabras.

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