UIA aprueba acercamiento a CGT, donde habría división
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Carmelo Angulo Barturén, embajador de España.
La llegada del español Jaime Montalvo Correa, titular del Consejo Económico Social (CES), obró como un disparador para que gobierno, sindicalistas e industriales aceptaran la idea de volver a conversar sobre la relación entre salarios e inflación. Pero a pesar de las buenas intenciones declamadas el lunes y ayer, los industriales tendrían problemas en encontrar interlocutores del lado sindical.
La aspiración de máxima de los empleadores industriales, tal como apuntó ayer este diario, es poner en marcha un diálogo que culmine con un acuerdo sobre cuatro puntos básicos:
• aumentos salariales proporcionales a mayor productividad;
• una ley de accidentes de trabajo sin la «doble vía» ( indemnización de la ART más demanda judicial);
• combate al trabajo informal;
• conversión del sistema de doble indemnización por despido en un seguro de desempleo por dos años.
Sin embargo, los dirigentes de la UIA se cuidaron muy bien en incluir esos puntos en las charlas con la CGT iniciadas el lunes. «La idea era reconstruir el vínculo, que había quedado cortado a principios de año», dijo una fuente de la UIA.
Quien «cortó el vínculo» fue el ministro Roberto Lavagna, que calificó a aquellas charlas de «acuerdos de cúpula que no sirven para nada». Ahora, por razones que quizá tengan que ver con la amenaza inflacionaria que ya nadie niega, al menos en privado, el propio Lavagna llevó ayer la idea al despacho de Néstor Kirchner, según una versión emanada de Casa de Gobierno. También, de acuerdo con otro rumor, Felisa Miceli -titular del Banco Nación- habría conversado del tema con el Presidente.
Por ahora, después de la cena en la residencia del embajador español Carmelo Angulo Barturén el lunes por la noche -que convocó a la máxima dirigencia de la CGT y de la UIA- no están previstos pasos, gestiones y/ o reuniones para continuar con el diálogo. Montalvo Correa ofreció el aporte teórico e incluso práctico ( enviando personal del CES español) para la conformación de un pacto similar en la Argentina. «Cuando arrancamos, teníamos 180 millones de horas/conflicto por año; ahora estamos en diez millones», relató a los postres el huésped. Era otro país, otra economía, otro sindicalismo, otra industria, debería haber sido la respuesta a su afirmación, respuesta que varios pensaron pero que nadie se atrevió a poner en palabras.



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