«Si Guillermo Moreno y Alberto Fernández quieren venir a controlar la rentabilidad de las empresas, que vengan: van a llevarse una sorpresa..., al menos en las industrias.» Un alto dirigente de la Unión Industrial Argentina (UIA) descartó así los controles que impulsa el controvertido secretario de Comercio sobre los costos de las empresas, y aseguró que «al menos hasta hoy no está confirmada audiencia alguna» con la presidente Cristina de Kirchner.
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De todos modos, no bajarán la bandera del tipo de cambio «recontraalto» como mecanismo para compensar aumentos salariales que superen su propia pauta (12%) si finalmente el gobierno los obliga a otorgarlos. El resurgimiento dentro de las filas del gobierno de un «hombre de la casa,» como Roberto Lavagna, los tranquiliza en ese sentido.
El dirigente descartó también una versión que circulara horas antes, respecto de un supuesto «plan a diez años» que iban a llevarle a la Presidente cuando ésta los recibiera. «Lo que vamos a reiterarle son las conclusiones de la última Conferencia Industrial, en la que hablábamos de convertir una década de crecimiento en una década (la próxima) de desarrollo. Si tuviéramos un plan a diez años no estaríamos anunciándolo por los medios», agregó.
Sin embargo, entre los empresarios padecen lo que llaman «comunicación por los diarios con el gobierno». En conciliábulos posteriores a la reunión de Junta Directiva del martes -donde se reafirmó el tope de 12% para las negociaciones salariales del sector fabril- los empresarios de la UIA admitían que «por ahora no tenemos con quién hablar». Recordaban que hasta diciembre «había alguien que trabajaba 16 horas por día y que estaba encima de todos los temas. Ahora ese jugador está encerrado en Puerto Madero, ocupándose del PJ», en obvia alusión al ex presidente Néstor Kirchner.
En sentido inverso, siguen esperando ser recibidos por su esposa. Según una versión, la ex senadora le había prometido al presidente de la UIA, Juan Carlos Lascurain -en uno de los numerosos actos protocolares «para la foto» que compartieron-, que los convocaría a la Casa Rosada «a mi vuelta de El Calafate» (por sus vacaciones). Después, desde las cercanías de la mandataria les informaron que ese encuentro se producirá «después del 1 de marzo», sin especificar fecha.
Desconcierto
«La verdad es que estamos desconcertados: por un lado el gobierno habla de favorecer a la industria y a los empresarios nacionales, pero acto seguido dice que podemos pagar cualquier aumento porque venimos de varios años de crecimiento ininterrumpido. No toman en cuenta que el salario industrial promedio creció 240% por encima de la inflación desde 2002 hasta acá, y que hay sectores como el plástico, el metalmecánico o el automotor que acumulan más de 300%», dijo otro dirigente con la obvia condición de la reserva de nombre.
La mayor preocupación que existe en la UIA, entonces, es quedar dentro del mismo paquete de tope de 20% que se aplicará a los servicios y algunas áreas del empleo público. Quieren que se les permita negociar con los gremios sin condiciones ni pisos, y que se les reconozcan -por caso- los « bonus» de fin de año que muchos de ellos se vieron obligados a conceder para compensar las subas de precios.
Si tienen oportunidad de encontrarse con Cristina de Kirchner en el futuro inmediato, le dirán -adelantaron las fuentes- que la rentabilidad de las industrias no es lo que parece y prometen acercarle el caso de una de las mayores empresas alimentarias del país, que exporta a decenas de países en todo el planeta y cuya utilidad sobre ventas no supera 3,5%.
También le plantearán el acuciante problema de la economía informal, que sigue empleando a 40% de la masa laboral, pero que apenas «pesa» 12% -según estadísticas oficiales- en la masa salarial de todo el país. «Eso implica que tienen un sueldo promedio de 800 pesos, y de esa gente no se ocupa nadie, ni el gobierno ni los gremios», dijo uno de los empresarios entrevistados.
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