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Invocando lo que prácticamente es un outlet político, Miguel Angel Toma igual ha llegado hoy a gravitar buscando no interrumpir su continuidad en la vida pública.
Juró y rejuró que, pese a haber sido el promotor al cargo de juez federal de Jorge Urso, no tuvo nada que ver con la detención de 5 meses de Carlos Menem y logró salir de la lista negra del riojano que cerró su gobierno teniéndolo como secretario de Seguridad. Toma más que por la Capital gravitó siempre por su estrecha vinculación con José Luis Manzano y el actual ministro del Interior y decidido duhaldista, Jorge Matzkin. Por la fuerza del trío y la ubicación de Matzkin en el gabinete llegó a ser designado ahora titular de la SIDE pero nunca estuvo dispuesto -ni el trío que juega a varias puntas se lo permite- a clausurar su vida pública con la asunción de un nuevo gobierno el 25 de mayo próximo. La carta del arrepentido iraní que desmintió cualquier participación de Menem que se le atribuya en el atentado a la AMIA fue el as que esperaba Toma para recomponer con el ex presidente riojano. Logró el visto bueno de Duhalde para ir a entregar la carta a Menem. Este aceptó el presente y, pragmático como es, le extendió un salvoconducto para circular entre los dos frentes de batalla.
El último intento de los «puros» -Toma ciertamente no lo es- fue aquella reunión del 2 de enero pasado, donde Juan Carlos Romero y Eduardo Camaño, fundamentalmente, acordaron la salida a la lucha partidaria vía la ley de lemas, o sea todos van como PJ pero sumando al ganador lo de los otros candidatos.
Carlos Menem está convencido aún de que era la mejor salida al actual enfrentamiento menemismo-duhaldismo. En cambio Duhalde vio que le convenía a su rival que ineludiblemente iba a ser el más votado entre Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y por ese entonces todavía José Manuel de la Sota. El actual presidente maneja estadísticas reales como exige que se las hagan para él, no las pagas que se difunden para influir en la opinión pública, por caso esas falsas, que publican algunos medios, y que muestran al santacruceño Kirchner encabezando la intención de voto a presidente y a Menem cuarto, detrás de Elisa Carrió y Rodríguez Saá. Frente a las estadísticas reales, en la que tanto cree Duhalde, optó porque «no es constitucional» la ley de lemas -ciertamente no lo es-, aunque poco suele interesarle la Carta Magna cuando
Rechazó todo, desautorizó a Camaño por haber firmado ese acuerdo con el salteño Romero, invocó que «Raúl Alfonsín no apoyaría» y organizó todo para el Congreso de Lanús anulando la interna nacional (haciéndola en la provincia de Buenos Aires), designando que los 3 precandidatos vayan «por afuera» con la abstención del Partido Justicialista como tal y que si la Justicia interfiere, la fórmula oficial del peronismo la designará una comisión de notables del partido (Comisión de Acción Política) que la conformó asegurándose que por su número proclamará al que él quiera, obviamente Kirchner.
Ahí se rompió todo. El menemismo recurrió a la Justicia no sólo para anular las decisiones del Congreso de Lanús, sino inclusive, para intervenir con un funcionario judicial esa Comisión de Acción Política.
En este extremo ya no servían más los grandes y habituales operadores de ambos bandos como José Pampuro, Juan Carlos Mazzón, y Eduardo Camaño por el duhaldismo. Ni Eduardo Bauzá, Alberto Kohan y Juan Carlos Romero por el menemismo, un sexteto desgastado para mediar con tanto anunciado y tanto desautorizado luego. Ni siquiera podía usarse a alguien que siempre fue común a ambos como Alberto Pierri, que milita hoy con Menem, pero tendría hasta empresas con Duhalde. Pierri tiene una disputa dentro del menemismo por cargos en la lista de diputados nacionales e, inclusive, se lanzó el «cuco» de una eventual candidatura a gobernador (por afuera, sin ir a la interna desde ya) de Alberto Kohan para hacer reflexionar a Pierri. No sólo eso porque éste no ignora que a Menem le gustan hombres como Patti y Aldo Rico, en la provincia (más Mauricio Macri en la Capital con mucho más alta intención de voto en la provincia que Pierri, y desde ya, Kohan.
Si en la elección bonaerense del 14 de setiembre Carlos Menem tiene la poderosa gravitación de haber sido antes proclamado presidente, tendrá tiempo de decidir qué hacer. Sólo debe tener el cuidado de anotar un candidato y partido el 28 de febrero para la convocatoria a internas de Felipe Solá para el 30 de marzo, si es que no las veta la Justicia porque en la provincia hay tantas o más irregularidades, en esa convocatoria, que lo resuelto en el Congreso de Lanús.
Desplazados los «operadores lógicos y tradicionales» Miguel Angel Toma vio llegado su turno como el último nexo entre los litigantes. Eso es lo que ahora se está operando, sin que constituya una negociación «oficial» entre Menem y Duhalde.
Ambas partes lo consienten, entonces, pero «extraoficialmente». Mucho más extraoficialmente Menem que ve que Toma no puede traerle nada valioso del lado Duhalde.
Ofrecerle un pedido a la Justicia para que ratifique la fecha de la presidencial del 27 de abril no es nada. Duhalde no puede jugar esa fecha en esta disputa porque, como están hoy las cosas -y este diario ya lo adelantó- si no cumple el cronograma electoral el Fondo Monetario le derrumba en marzo el miniacuerdo que le otorgó. Le basta con aplicar o no los incumplimientos en que inevitablemente va a caer este gobierno por las exigencias incluidas en la carta de intención difundida. Esas exigencias pueden ser genéricas ahora para exigírselas realmente al próximo gobierno y no a éste con resto de 100 días de gestión. Todo depende de que esté firme la fecha eleccionaria del 27 de abril. Eso sí: si el gobierno no cumplió las metas fiscales de recaudación y control de emisión monetaria el Fondo Monetario lo envía a un segundo default, probablemente sin importarle influir en el proceso electoral. Con estas dos metas el Fondo no juega. Las «otras exigencias» fueron puestas en la carta de intención como de uso eventual. En caso de incumplimiento de las metas monetaria y fiscal o no elección el 27 de abril se vuelve a caer todo, inclusive el préstamo de 600 millones de dólares para los planes Jefas y Jefes de Hogar. Los organismos internacionales no son nada tontos y le concedieron esos millones, es cierto, pero en doce cuotas sucesivas para ver qué pasando.
Si estalla de nuevo el país en marzo puede decirse que Carlos Menem gana una elección presidencial no sólo en primera vuelta sino con un partido que se llame BORI (Boca-River) como irónicamente se lo sugirieron.
Entonces, lo que tiene Duhalde para ofrecer -lo único que siempre tuvo- es que vayan todos los candidatos con partidos propios o aplica la designación de Kirchner por la Comisión de Acción Política que creó el Congreso de Lanús. Eso tan parcial es lo que tiene Toma para jugar de mediador. La otra utopía no vale: lista única de duhaldistas y menemistas en la Capital Federal para legisladores de la Ciudad. Ante el arrollador avance de Mauricio Macri, la fuerza que opondrá Ibarra y la presencia que puede desnivelar de Béliz -hoy junto a Kirchner- una lista así, aparte de afianzarlo a Toma, no brinda otra ganancia que unos pocos legisladores porteños sin gravitación entre 60 miembros en la Legislatura y que terminarán vendiéndose al mejor postor.
Menem puede dejar avanzar estas mediaciones extraoficiales de Toma. Está preparado para, llegada la alternativa, inevitable ir con partido propio (Laborista mejor o Conservador Popular, ofrecido éste por quien es hoy dueño de la marca y los viejos sellos, curiosamente la esposa de Miguel Angel Toma). Pero el riojano se jugará a fondo con la Justicia y aun si el tiempo no alcanzara -algo previsible- o sea el 7 de marzo, al vencer al día siguiente la inscripción para presentarse a los comicios del 27 de abril, deberá analizar qué hace si ese accionar en la Justicia obligara a postergar la fecha: ir junto a Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá con partidos propios con sólo cara de Perón y Evita sin «Partido Justicialista» y escudo para ninguno, o no desistir de la Justicia aunque deba postergarse por fuerza mayor la elección presidencial con la consecuencia ya señalada: la Argentina cae en un segundo default ante organismos internacionales. Esto destruiría a Duhalde que planteó las inconstitucionalidades. Mucho menos a Menem que debió afrontarlas con la mayor tajada del derecho de su parte. Pero seguramente más al país por un nuevo estallido.
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