De cómo las personas y las sociedades han alcanzado cierto grado de crecimiento hay abundante bibliografía y muchos más pensamientos plasmados en ensayos formales e informales.
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Los claustros académicos han dicho, y siguen diciendo, lo suyo. El «Harvard» de la calle planetaria (casi siempre con esa sabiduría que tiene el arcano poder de resumir tanto conocimiento científico) sostuvo que la fórmula es otear el espacio, desmenuzar la circunstancia y aprovechar la oportunidad aplicando empeño, talento y decisión. Tuvo sobrada razón William Ward cuando dijo que «las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde».
La Argentina tiene hoy, sin lugar a dudas, una oportunidad histórica. Si se advierte el panorama mundial de la economía, sin ceñirse a lo estrictamente financiero, bien puede decirse que en el lapso de los últimos 30 años ésta es una posibilidad única.
¿Por qué? Pues porque el mundo afronta problemas de diversa naturaleza: alimentarios, síndrome de violencia concreta y abstracta que no alcanza a resolver (incluso ya se habla de una nueva versión de la llamada Guerra Fría, que tuvo como protagonistas a los Estados Unidos y a la ex Unión Soviética) y dificultades sociales que golpean a numerosos países desarrollados. Entre estas últimas, una que preocupa: la corriente migratoria que, aun cuando intenta ser frenada, significa un problema para las sociedades avanzadas.
La inmigración externa y aun interna es el gran problema del mundo en estos tiempos y tiene que ver, naturalmente, con la economía. A fuer de pecar de ingenuo o de considerar pequeñeces, debería responderse a estas preguntas: ¿quiénes fueron los grandes tomadores de créditos en Estados Unidos? ¿Quiénes padecieron la actual crisis hipotecaria? y ¿Cuáles fueron las consecuencias?
Es innegable que los inmigrantes tuvieron bastante que ver en el rol de actores y víctimas confiados. Pero todo esto es al margen y no es el propósito de esta reflexión abarcar ese tema. La cuestión puntual es que, además de todos los avatares por los que peregrina hoy el mundo, se ha sumado un descalabro financiero en la primera potencia que hace trastabillar todos los mercados o casi todos. Basta repasar las Bolsas de las principales capitales para tener una idea de lo que se habla. Sin embargo, y a pesar de que el Merval en Buenos Aires cayó 8,68 por ciento, la oportunidad que tiene la Argentina para despegar hacia un crecimiento cierto, sostenido e interesante no está sujeto a lo que ocurre en estos días, porque las circunstancias económicas así lo permiten.
Para graficarlo de un modo simple, podría decirse que sobre el cultivo del mundo ha caído una pedrea y que la Argentina aún no ha cultivado del todo su campo productivo e industrial (fértil como ninguno) y de allí su gran oportunidad.
Mientras las grandes economías ven trastabillar parte de su estructura, la Argentina puede ver, si lo desea, si tiene ánimos, cómo comienza a construir la suya.
No es, desde luego, algo simple ni tampoco el efecto de un sortilegio. Es necesario repatriar los capitales nacionales que emigraron sin preguntarles su origen, cautivar a otros para que lleguen aquellas inversiones que, digámoslo sin ambages, prefirieron aterrizar en naciones vecinas como Brasil o Chile.
Para lograr que vengan hay que brindar seguridad jurídica, ofrecer reglas claras y perennes. Posibilitar, además, un blanqueo sin preguntar de dónde viene el dinero, con ánimo de absolución, si fuera el caso, y no de persecución, como ha sido histórico. Es menester que la verdad fluya y que la sinceridad impere y nada mejor, para dar el ejemplo, que el INDEC vuelva a ser lo que alguna vez fue y retorne a decir lo que supo decir.
Debe convenirse que esta acción no es tarea sólo del oficialismo. La oposición también tiene un papel protagónico. Las dos partes políticas de la República deben asumir el compromiso responsable de un entendimiento básico, ausentes los resentimientos y las confrontaciones insustanciales, que posibiliten un marco seguro para el crecimiento social. De otro modo, la oportunidad histórica será oportunidad perdida.
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