En vista de que el argumento más popular para explicar por qué ayer el Promedio Industrial cerró la sesión trepando 0,34% hasta los 11.438,86 puntos (bastante menos que 0,87% del NASDAQ, cuya suba -de la mano de Microsoft- "olió" más a rebote que a una auténtica suba) fue prácticamente el mismo que se viene esgrimiendo para justificar las rachas de malhumor (días de baja), posiblemente lo mejor sea seguir adhiriendo a la idea de que la fortaleza que está mostrando el mercado accionario se vincula más con un simple "porque sí" que con cualquiera de los argumentos esgrimidos por los analistas. Esta vez la interpretación que se hizo del nuevo desplome en el precio del petróleo a u$s 69,94 por barril (para dos días consecutivos ha sido la mayor baja desde diciembre de 2004), y de los positivos datos provenientes de la macroeconomía (las ventas minoristas crecieron más de lo esperado durante abril, y la productividad de los trabajadores continuó creciendo durante el último trimestre) concuerda más con la idea de que una economía sana y en expansión es beneficiosa para las empresas cotizantes (el Dow está a menos de 290 puntos de marcar un nuevo récord, mientras el Dow de transportes superó todas sus marcas previas), que con una donde por temor a un exceso de crecimiento la Fed llevaría el costo del dinero a un nivel que golpearía a las cotizantes; lo que es, por decir algo, "lógico". Claro que no "todas fueron buenas", pero en los tiempos que corren de inversores un tanto "miopes", poco parecieron importar. Unos años atrás el recientemente fallecido John Kenneth Galbraith ironizó que si es cierto que nunca hubo tanta gente apostando como hoy en el mercado financiero, seguro es cierto que nunca hubo tan poca inteligencia pensando lo que hacía.
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