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29 de agosto 2022 - 00:00

Urge la necesidad de un amplio acuerdo

El Gobierno alista su programa económico. Massa, con la bendición de Cristina, prepara un plan que interpelará y pondrá al resto del ecosistema opositor en una disyuntiva: ¿acordar o no?

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Prensa Presidencia de la Nación

Instalada la crisis socioeconómica desde hace tiempo en nuestro país, ¿cómo es el plan de salida que elabora el Gobierno? ¿Cuánto de la enorme reacción popular en defensa de la vicepresidenta Cristina Kirchner puede destrabar el camino para, ahora si, llegar a un acuerdo político? ¿Podrán aquellos que forman parte de la oposición orgánica -entre los que se cuentan grupos de medios, empresas y quienes impulsan el lawfare por estas tierras- revisar su negativa al más básico y necesario de los consensos? Son interrogantes potentes.

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La hipótesis es que la cruzada ideológica planteada desde sectores opositores al Gobierno -pero sobre todo a CFK- podría encontrarse con un límite. Por un lado, no hay duda de que la reacción al pedido de condena de los fiscales por el caso “Vialidad” ha despertado el enorme rechazo popular y ha devuelto al centro neurálgico de la política a CFK. Esa secuencia podría generar un cambio. La falta de un respaldo probatorio en el proceso acusatorio y la desproporción del andamiaje mediático utilizado para legitimar dicha embestida, dejaron definitivamente al descubierto el profundo antagonismo que subyace del otro lado de la grieta. Desnudó así la intención de correr a un costado al kirchnerismo y de proscribir a su líder, para disciplinar al resto de la política progresista.

Por otro lado, el pragmatismo del ministro Massa, empoderado por CFK, también propone la idea de que existirá otro límite bastante claro. En criollo, el plan de Massa -al que no puede acusarse de irracional- interpelará y pondrá al resto del ecosistema opositor en una disyuntiva: ¿acordar o no?

Esto es así porque el derrotero de Massa necesariamente implica (o implicará) la pregunta sobre una potencial mesa de acuerdos políticos de alto nivel, cuyos contornos deben definirse por parte de los principales referentes de toda la elite dirigencial, incluido el FMI y su principal accionista, los Estados Unidos. Ese acuerdo político podría, definitivamente, traer algo de calma y expectativas a un escenario por demás angustiante para el promedio de la población, para quienes la aceleración de la inflación y el consecuente deterioro de las condiciones de vida asoma como la principal preocupación. Precisamente fue CFK quien, hace solo algunos días, pidió un “gran acuerdo de todas las fuerzas políticas” para la recuperación salarial de los argentinos. También hizo un llamado a terminar con la inflación y dijo que “es hora” de “convocar al resto de la sociedad” para hacer “algo diferente, porque hacer lo mismo, no va más”. Por ahora, nadie acudió a ese llamado.

Empoderado Sergio Massa para llevar a cabo “las correcciones” en el plano económico que se suponen necesarias, los desafíos se inscriben de forma inmediata: conseguir dólares, relanzar el frente fiscal, frenar la corrida contra el peso, sanear la hoja de balance del BCRA, limar los desequilibrios de la cuestión cambiaria (desdoblamiento incluido). Ese plan incluye la necesaria desaceleración de la actividad económica, que se quedó sin dólares y no puede pagar las importaciones necesarias ni dolarizar los excedentes que se generan. También el urgente compromiso a frenar la caída del salario real.

Así, mientras el Frente de Todos demuestra que incluso en cuestiones económicas no es una opción radicalizada (tanto Alberto Fernández como Sergio Massa son emergentes del utilitarismo más peregrino y, en definitiva, los elegidos de CFK), quedará por ver qué grado de sensatez puede ofrecer el resto de la dirigencia perteneciente al bloque histórico de poder. ¿La finalidad? Sostener la necesaria convivencia democrática y enarbolar para todos los ciudadanos la promesa de un futuro que, invirtiendo los conceptos de Georgieva, sea menos “doloroso” y más esperanzador.

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