Venezuela comprará otros u$s 1.200 millones en bonos argentinos. Será de «ayuda» para la Argentina, que tiene por delante fuertes vencimientos de deuda en 2006. Pero no es caridad lo que empuja a Hugo Chávez, sino más bien la perspectiva de un muy buen negocio financiero. Funcionarios del gobierno venezolano reconocieron ayer que ya vendieron casi la mitad de los u$s 950 millones adquiridos en BODEN de la Argentina (inclusive provocaron una caída de cotización en su momento). La suba de los títulos en los últimos meses le reportó a ese país una ganancia de u$s 40 millones, reduciendo al mismo tiempo su exposición al «riesgo argentino». Además, con un rendimiento cercano a 9% anual en dólares, más del doble que la tasa americana para el mismo plazo, los bonos locales siguen siendo los que pagan mayor premio de todos los de los países emergentes. Néstor Kirchner cree que comprando Venezuela le permitiría cancelar al Fondo cuando éste cobra la mitad o menos de la tasa que debe ofrecer en bonos la Argentina. Hay otros riesgos en esta «ayuda» de Venezuela: es un comprador individual muy fuerte. Al vender puede provocar baja en la cotización de títulos argentinos y recomprar más abajo con óptima ganancia.
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La cifra no quedó reflejada en el documento que Kirchner firmó el lunes en Puerto Ordaz con Hugo Chávez para no distorsionar la naturaleza de la operación, pero figuró en el diálogo a solas que mantuvieron la noche del domingo los dos presidentes. Ese monto es similar al que compró Venezuela este año (hasta ahora u$s 950 millones, a los que sumarán otros u$s 300 millones antes de fin de año) y lo quiere lucir el presidente como el principal logro de su raid a Venezuela junto al lanzamiento de la obra del megagasoducto entre ese país y la Argentina, de la cual mostró el primer borrador de mapa.
La compra de los bonos por ese monto disipa la idea de que Venezuela encarnase otro « cuento chino», es decir, que adelantase los fondos necesarios para liquidar la deuda con el FMI y festejar no sólo «desendeudamiento», sino también «desafiliación».
Más allá de los deseos que tuviera Chávez de ayudarlo a Kirchner en ese trámite, su gobierno respeta las reglas del negocio financiero y no hace negocios a pérdida. Ayer, por caso, su ministro de Finanzas, Nelson Merentes, debió salir a calmar a los inversores con una defensa de la compra de bonos argentinos.
Según el relato del Presidente, no hubo en esa charla ningún pedido de Chávez de un alineamiento político de Kirchner o la Argentina en el conflicto de Venezuela con los Estados Unidos. «Quedó claro que cada país tiene su forma de encarar las relaciones y que no hay que mezclar las cosas. Esto no es ideológico», relató. ¿Se lo dijo Kirchner a Chávez en esos términos?, quiso saber un ministro. «Bueno, tan así no, pero quedó tácito.»
De lo que sí hablaron fue de la ronda de la OMC que sesionará en Hong Kong, en donde coincidieron en que fracasará el levantamiento de los subsidios agrícolas. Con eso solo, fue el mensaje, se justifica suspender cualquier conversación sobre el ALCA hasta nuevo aviso.
La presencia de Alfredo Chiaradía, el trader internacional de la Argentina, en la delegación que viajó con Kirchner a Puerto Ordaz, la justificó el Presidente en que Venezuela va a sostener la misma posición sobre los subsidios ante la OMC que el Mercosur.
Sobre el gasoducto, el entusiasmo en la Casa de Gobierno era tan grande -y largo- como la propia obra. Según Kirchner y sus ministros en la reunión del 30 de noviembre con Lula da Silva en Puerto Iguazú, el principal objetivo es comprometer a Brasil en la obra, ya que ese ducto recorrerá en buena parte el territorio de ese país aprovechando tramos ya en construcción.
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