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8 de junio 2026 - 00:00

Wall Street: el rally bursátil se detiene ante la suba de tasas, y el empleo presiona a la inflación

Lo que no pudo la guerra, lo puede la sólida creación de empleo. Wall Street ve una suba de tasas en su camino y el rally sufre un parate brusco.

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Wall Street: el rally bursátil se detiene ante la suba de tasas por empleo.

Depositphotos

Wall Street llevaba una racha positiva de nueve semanas al hilo, y comenzó la décima pisando fuerte con nuevos máximos en todos los frentes. Desde marzo que no la desvela la guerra en Irán. La Bolsa anticipó con acierto la tregua del 7 de abril y descuenta que habrá un acuerdo de paz a tiempo de evitar una crisis formidable de la energía. Que las negociaciones se estanquen, Ormuz permanezca cerrado y los inventarios de crudo se acerquen ya a niveles críticos, no tuerce su convicción. Pero su fe es a prueba de balas y no de suba de tasas.

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El S&P 500 avanzó casi 20% desde abril. Los 7000 puntos eran una cima inaccesible. Y en su embestida atravesó los 7600. Pero el rally no preveía una economía real tan pujante, aunque viajase montada sobre la otra cara de la moneda: la realidad de crecientes márgenes de ganancias y la promesa de una rentabilidad récord en continuo ascenso. El viernes le cayó la ficha: EEUU creó 172 mil empleos netos en mayo, casi el doble de lo esperado. Y, tras las revisiones, son tres meses consecutivos con lecturas que superan los 100 mil (y una tasa de desocupación estable en 4,3%). El mercado laboral se suma así a la fiesta del capital. La economía no corre, vuela. Y también vuela la inflación (que es donde la guerra en Irán hizo rápido contacto). En abril, el aumento interanual de los precios al consumidor alcanzó 3,8%. En mayo es probable que hayan duplicado la meta anual de 2%.

Corolario obligado: la Fed, con la aprobación de Kevin Warsh o sin ella, le guste a Trump o no, deberá recalcular la política monetaria. Y Wall Street lo sabe. Por eso metió fuerte la marcha atrás. El S&P 500 reculó 2,6%. El Nasdaq, 4,1%; en su peor rueda desde abril de 2025. La tecnología lideró la ofensiva. Ahora le toca recibir el castigo más duro. El auge de la inteligencia artificial (IA) impulsó la demanda de semiconductores a niveles exuberantes. Enfrentada con la disyuntiva de una Fed más agresiva a muy corto plazo, a la Bolsa le cambió rápido el chip. Ningún sector se hundió más profundo el viernes: el índice SOX se desplomó 10%. Pero ya el jueves, antes del informe de empleo, una acción del sector, Broadcom, fue maltratada tras difundir su balance después de rueda. Sus resultados fueron excepcionales. Aumentó sus ingresos 48% interanual, duplicó las ventas de chips de IA y subió 54% sus beneficios por acción. No obstante, mantuvo sin cambios sus objetivos de largo plazo y el valor del papel se precipitó 13%. Son las reglas del juego. Visto en perspectiva, la paliza del SOX es apenas un rasguño. En lo que va del año, retiene un avance de 72%. Pero estamos avisados de que el mercado elevó la vara del juego.

Wall Street

Lo que no pudo la guerra, lo puede la sólida creación de empleo. Wall Street ve una suba de tasas en su camino y el rally sufre un parate brusco.

Ormuz continúa bloqueado, lo que fluye – y mantiene acotados los precios de la energía – son los inventarios y las expectativas. Las compañías alertan por el rápido consumo de las reservas acumuladas. A este ritmo, ceteris paribus, el nivel de estrés operativo asomará antes de fin de mes. Las cotizaciones del crudo deberían erizarse pari passu. Exxon, Chevron, Vitol y otras firmas no trepidan en arriesgar cifras tentativas: 120 dólares el barril, 150 y hasta 200. No importa. Hablan entre ellas. Los mercados desoyen olímpicamente las advertencias. Ni Irán ni estas vicisitudes tuvieron algo que ver con el traspié de la Bolsa. El viernes se produjo en simultáneo con la merma de los precios del crudo. El WTI reculó 3%. El Brent, más sensible a Medio Oriente, “solo” 2%. Ambos más cerca de los 90 dólares que de los 100.

La desacumulación de inventarios es una solución puente, eficaz pero transitoria. Permite maquillar a la “disrupción más grande de la historia” (según la Agencia Internacional de Energía) y que parezca un contratiempo más tenue que la crisis de Ucrania en 2022. Pero si no se restablece el flujo comercial por Ormuz, los límites se revelarán pronto. Los mercados confían, paradójicamente, en que la gravedad de la situación va a facilitar una solución de fondo. Wall Street y Teherán piensan lo mismo: Trump concederá en la mesa de negociación lo que sea necesario para reabrir el estrecho y prevenir la crisis de la energía más severa desde los dos shocks petroleros de los años 70 y 80. Si no lo hiciera a tiempo, Wall Street lo lamentará más que Teherán. Ya se vio que el shock estanflacionario se traduce en un salto de la inflación que no frena la pujanza de la actividad (ni la resurrección del empleo). Pero la Doble Nelson espera si el pronóstico es errado y el mundo se queda sin combustible. La crisis afeitará pelo y barba. Lo que, huelga decir, no está incorporado en los precios.

Wall Street comenzó a cotizar no solo un horizonte cercano de tasas más altas, sino una eventual iliquidez. La próxima reunión del banco central, la primera con Kevin Warsh al timón, debe dirimir una agenda pacífica: remover el sesgo hacia la baja de tasas que todavía conserva la política monetaria. No será difícil cristalizar un consenso para no tocar las tasas de interés, pero la Fed debe señalar su disposición a subirlas – en función de la data - a partir de julio. El mitin siguiente está previsto para el 28 y 29 del mes próximo. A esa altura, la suerte de Ormuz debería estar aclarada. Ya se sabrá si el banco central tiene que prevenir un incendio o apagarlo.

La iliquidez que comienza a preocupar no es el fruto de una Fed más beligerante. Deriva, en cambio, de la colocación inicial de acciones (IPO) de SpaceX, la compañía de Elon Musk, programada para debutar el viernes en el Nasdaq. Estrenará así una trilogía prevista de mega emisiones (que se completa con Anthropic y Open AI). No se trata de un asunto macroeconómico, sino micro. SpaceX buscará 75 mil millones de dólares de los inversores a cambio de 4,2% de la compañía. Bajo la manga, existe la posibilidad de ampliar la transacción a 85,7 mil millones. El IPO más grande de la historia – Saudi Aramco en 2019 – supuso un tercio de esa cifra. De dónde saldrá la liquidez que se precisa, es la pregunta. Alcanza con ver las penurias del bitcoin para sospechar una fuente de recursos. Entonces, ¿cuánto influyeron las tasas de interés en el patín del Nasdaq, las acciones tecnológicas, y las criptos? ¿Y cuánto la necesidad que se avecina de hacerle un lugar en el portafolio a SpaceX y las demás? Desde ese punto de vista, la sorpresa rotunda del informe de empleo no podía haber sido más oportuna. Basta con imaginar lo que hubiera acontecido de haberse publicado inmediatamente después de la colocación de la empresa de Elon Musk.

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