4 de noviembre 2011 - 00:00

A los 82 años murió monseñor Justo Laguna

Fue por una complicación tras una operación de corazón. En los últimos minutos estuvo acompañado por su amigo, el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto.
Fue por una complicación tras una operación de corazón. En los últimos minutos estuvo acompañado por su amigo, el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto.
A los 82 años y luego de ser sometido a una cirugía cardíaca en la Clínica del Sol, falleció ayer monseñor Justo Oscar Laguna, obispo emérito de Morón y uno de los referentes de la Iglesia argentina con mayor penetración en la ámbito político y social de los últimos 30 años.

Sus restos, que comenzaron a ser velados ayer en la Catedral de ese distrito del oeste del Gran Buenos Aires, serán depositados hoy en una cripta -tras una misa de exequias que presidirá el actual obispo Luis Eichhorn-, y permanecerán allí hasta que se construya la bóveda donde descansará definitivamente.

Laguna estuvo acompañado en sus últimos minutos de vida por su amigo y obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, con quien inició relación desde su época de párroco.

Había nacido en Buenos Aires el 25 de setiembre de 1929 y fue ordenado sacerdote el 18 de setiembre de 1954. Fue párroco de la Catedral de San Isidro, director espiritual del seminario diocesano y luego su rector por 20 años. Además, se desempeñó como fiscal eclesiástico, canciller en el año 1961 y vicario general de 1962 a 1980.

«Si una encuesta le pidiera a la gente decir el primer nombre de un obispo que le venga en mente, probablemente la gran mayoría diría el de Justo Oscar Laguna. Difícil imaginar otro obispo que pueda reunir en una misa personal a la plana mayor del Gobierno nacional, incluyendo al propio presidente», recuerda Martín Bernal, sacerdote de la diócesis.

Lejanos parecen los tiempos de su llegada a Morón, en 1980, para reemplazar a monseñor Miguel Raspanti, un hombre ubicado en la antípoda de su perfil pastoral. Eran tiempos difíciles para el país y el hombre que llegaba, culto y de gran formación artística, impresionó a la gente de un obispado poco acostumbrado a llamar la atención.

Pese a sus humildes orígenes -descendiente de sencillos pastores gallegos, como le gustaba describirse a sí mismo- Laguna traía consigo un alto perfil que no dejó de generar resistencias.

Ese mismo obispo «sofisticado» se plantó rápidamente frente a la Fuerza Aérea que le pedía datos de catequistas sospechados de trabajar en los barrios humildes en aquellos tiempos dictatoriales. Se ganó por ello un gran respeto y acrecentó desde allí su decidida labor en la Comisión episcopal de Pastoral Social.

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