16 de febrero 2009 - 00:00

A Obama, ni agua

Barack Obama y su familia parten de la Casa Blanca el viernes pasado. El mandatario demócrata eligió ir a Chicago por el Día de San Valentín, contrariamente a George W. Bush, que prefería ambientes rurales para descansar.
Barack Obama y su familia parten de la Casa Blanca el viernes pasado. El mandatario demócrata eligió ir a Chicago por el Día de San Valentín, contrariamente a George W. Bush, que prefería ambientes rurales para descansar.
Washington - Para algunos republicanos, Barack Obama es Hussein O. Es una frase que sólo se utiliza en privado, porque es políticamente incorrecta, ya que recuerda a cierto dictador al que EE.UU. acabó ahorcando en público y con un cierto tono de fiesta entre la audiencia, como en las películas del Oeste. Claro que algunos no tienen inconveniente en realizar declaraciones públicas de ese estilo. Por ejemplo, una canción titulada Barack, el negro mágico, lleva sonando en EE.UU. desde hace más de un año y medio.
Primero la popularizó Rush Limbaugh, el rey de la radio conservadora del país (y un cliente habitual de las clínicas de desintoxicación por abuso de drogas). Después, en diciembre, el candidato a la presidencia del comité nacional republicano Chip Saltsman decidió incluirla en un CD de apoyo a su fallida campaña por el cargo. Dicho sea de paso, en la canción se pronuncia la palabra negro en español, que es la fórmula con la que los blancos se referían los esclavos.
Los ataques a Obama por su piel o por su nombre son la muestra más anecdótica de la primera víctima política de la breve trayectoria del nuevo jefe de Estado: el espíritu bipartidista que el presidente utilizó como bandera en su campaña electoral. No fue una promesa electoral hecha para incumplirla. Obama se esforzó por atraer a la oposición.
Dejó como secretario de Defensa -posiblemente el cargo más importante del gabinete, ya que controla uno de cada cuatro dólares que gasta la administración- a Robert Gates, que ya llevaba desde 2006 ejerciendo ese cargo con George W. Bush.
Trató de nombrar secretario de Comercio al senador republicano Judd Gregg. E hizo un esfuerzo más que notable para que la oposición apruebe un plan de estímulo de la economía que prevé recortes de impuestos.
Pero, el resultado de todas esas iniciativas fue un fracaso estrepitoso. Ni un solo republicano de la Cámara de Representantes votó el viernes a favor del plan. En el Senado, sólo dos republicanos lo aprobaron. Además, Gregg anunció que no aceptará el cargo de secretario de Comercio como rechazo al programa de estímulo económico. Así que Obama, en cierto sentido, se quedó solo. Pero, el sueño posideológico del presidente está bien muerto y enterrado.
¿Por qué? Fundamentalmente, porque el Partido Republicano decidió que no le interesa el consenso. La oposición está mayoritariamente controlada por el sector más conservador del republicanismo. De hecho, el líder indiscutible de los republicanos es Rush Limbaugh.
El locutor radiofónico fue quien galvanizó la oposición al paquete de estímulo con una frase que resonó entre las bases republicanas: «Quiero que Barack Obama fracase».
El propio presidente atacó varias veces a la estrella conservadora de la radio, lo que demuestra quién es el líder republicano. Y la trayectoria de Limbaugh muestra cualquier cosa menos moderación. Desde llamar a las feministas «feminazis», hasta considerar las torturas en Irak «novatadas», el currículum del locutor indica que es un fiel seguidor de la máxima que afirma que «al enemigo, ni agua».
Y ésa es precisamente la estrategia republicana. A Obama, ni agua. En algunos elementos, esa actitud es comprensible. Por ejemplo, el paquete de estímulo contiene enormes ayudas a las energías alternativas, un sector industrial que apoya en general a los demócratas, mientras que no destina un solo dólar al carbón y al petróleo, que son dos de las mayores fuentes de financiación republicanas.
Además, el plan no va a lograr que Estados Unidos escape de la recesión, de modo que dentro de un año los republicanos podrán decir que ellos no tuvieron nada que ver con un plan cuyos efectos fueron muy limitados. Sin embargo, en el medio y largo plazo, si los republicanos no giran al centro sus posibilidades de ganar escaños en las legislativas de 2010, las expectativas en las presidenciales de 2012 serán muy pocas. Por ahora, la oposición conservadora decidió asesinar al bipartidismo.

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