19 de junio 2013 - 00:00

“A veces, el inconsciente necesita de un remolcador”

Para la autora mexicana, su nuevo libro “es un manual de dramaturgia personal. Un trabajo personal en 12 jornadas. El producto de mis reflexiones sobre el camino que nos toca recorrer como humanidad en este momento histórico”.
Para la autora mexicana, su nuevo libro “es un manual de dramaturgia personal. Un trabajo personal en 12 jornadas. El producto de mis reflexiones sobre el camino que nos toca recorrer como humanidad en este momento histórico”.
Participar en la campaña política de Andrés Manuel López Obrador para las elecciones a la presidencia de México, y ver las actitudes y la conducta de la gente, llevó a la autora de "Como agua para chocolate" a reflexionar cómo se podía hacer para "no ser arrastrado como una mercancía", y es que, explica, "si somos protagonistas de nuestra propia historia, entonces también podemos transformarla". Así surgió el nuevo libro de Laura Esquivel "Escribiendo la nueva historia o cómo dejar de ser víctima en doce sesiones", que publicó Suma de Letras.

La escritora mexicana inició su carrera literaria como guionista, y alcanzó fama internacional con la novela "Como agua para chocolate" que ha sido traducida a 36 idiomas, y se transformó en una exitosa película. Le siguieron los libros "La ley del amor", "El libro de las emociones", "Tan veloz como el deseo", y "Malinche", entre otros. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con ella..

Periodista: ¿Cómo se debe tomar su nuevo libro "Escribiendo la nueva historia"? ¿como un ensayo, como un manual de autoayuda, como una singular autobiografía confesional?

Laura Esquivel:
Es un manual de dramaturgia personal. Es un trabajo personal en 12 jornadas. Es el producto de mis reflexiones sobre el camino que nos toca recorrer como humanidad en este momento histórico. Tenemos que cambiar. O cambiamos o cambiamos. Pero el cambio tiene que surgir de adentro. Tiene que ser un cambio profundo interno que se va a ver reflejado en el conjunto. Hemos visto una y otra vez los cambios sociales que triunfan. Viene un cambio en el gobierno, y realmente no funciona, no se va a ver reflejado. Dura un poquito tiempo, y luego vuelven los mismos vicios. Y de pronto nos llegan noticias que nos preguntan: ¿por qué creen que éste gobierno también era corrupto?, ¿y por qué creen que no se pudo buscar el bienestar?, ¿y por qué no se logró acabar con el hambre, y con la injusticia?, y tantas otras cosas. Entonces el cambio tiene que surgir desde adentro. Es que en mi país los últimos años se han venido repitiendo historias muy dolorosas para la población.

P.: Por lo que dice, su libro tiene un sentido muy político.

L.A.:
Mi experiencia se incrementa con elecciones con el sospechado y reiterado fraude a López Obrador. Lo acabo de comprobar, hubo una compra de votos impresionante. Y para que alguien compre el voto de otra persona, esa persona tiene que estar dispuesta a vender su voluntad. ¿Por qué vendo mi voluntad? ¿Qué me puede llevar a eso? ¿Qué pensamiento hay detrás de este creerme que soy una mercancía que se compra, y que soy un individuo muy necesitado? Porque los votos que obtuvieron los triunfadores surgieron de sectores que permitían eso. ¿Por qué pasan esas cosas y cómo podemos evitarlas? Hace unos años participé en México en una campaña política, y fui llevando un diario de campaña, donde fui anotando cuáles eran los pensamientos equivocados que colectivamente compartimos, y que hacen posible que se den estos fenómenos. Las cosas que más me impactaban era la mirada de la gente, su esperanza brutal, ese "aquí no hay salida", "no tenemos el menor poder en nuestras manos", y "somos lo que alguien decida que debemos ser". Eso me dolió mucho y diseñé un programa cultural, que implementé en Coyoacán cuando estuve al frente de la Dirección General de Cultura, para buscar recordar a la gente la profunda capacidad transformadora que tiene dentro. Y esta idea de que no hay quien pueda determinarnos. Empiezo mi libro con la frase de Bayard Rustin que dice que "la historia no es un accidente, es una opción". Entonces, elijo. Y ¿por qué elijo lo que elijo? ¿En qué me convierte ésta elección? Y ahí utilicé las reglas de la dramaturgia donde lo que elige un personaje va a determinar lo que viene. A veces, como a un barco inmenso, el bruto inconsciente necesita de un remolcador que le diga: tienes que venir por acá para no quedar encallado. Tenemos experiencias y podemos recordarnos que si vamos por tal camino sabemos lo que nos va a pasar.

P.: Por tanto su libro no es lo que parece, uno de la new age para sentirse mejor, sino que parte del drama de las elecciones perdidas, de los asesinatos de mujeres en Juárez, de las redes de narcotráfico en un país de dimensiones impresionantes. ¿Buscó hacer una relación de lo colectivo con lo individual?

L.E.:
Por supuesto. Y en el libro no se queda en lo meramente social sino que va hacia una cosmovisión mucho más amplia, hacia darnos cuenta que estamos íntimamente interconectados, y que, en ese sentido, hablar de auto yuda es falso porque sería inmediatamente una ayuda colectiva, no hay tal cosa como una individualidad separada de un todo.

P.: ¿Por qué su libro es un constante hacerle preguntas al lector?

L.E.:
Porque la gente no sabe cómo cambiar. Si lo supiera, ya lo habría hecho. El mío es un taller de dramaturgia personal donde la gente tiene que escribir. Las preguntas en cada capítulo, en cada sesión, están encaminadas a lograr un cambio de conciencia. A ir rompiendo todos esos mecanismos, todas esas ideas absurdas que siguen manteniendo el encierro de nuestra mente, a pesar de que la física cuántica nos está hablando de algunas de estas cosas, como la interconexión, hace más de cien años. Está demostrado con experimentos la no localidad de la conciencia, de que tú nunca experimentas algo individualmente. Nadie se da por enterado, y allá tú y tus pensamientos. O tus emociones. Y las emociones son energía en movimiento. Tenemos que ser responsables en muchas cosas. Y en este transformarnos vamos a ir descubriendo que eso no se logra solito.

P.: ¿Esta teoría suya proviene de su práctica como guionista?

L.E.:
Yo empecé en el teatro, luego me vuelco a la televisión, después al cine. Esto que cuento en "Escribiendo la nueva historia o cómo dejar de ser víctima en doce sesiones" yo lo utilicé cuando escribía tanto la novela como el guión cinematográfico de "Como agua para chocolate". Tita era víctima, era el objeto del deseo de su mamá. No existía como persona, y la madre ya había determinado su destino. En el transcurso de la novela ella va tomando sus propias decisiones, y entonces se va convirtiendo en un sujeto dueño de sus decisiones y de su destino. Decide cambiar su historia haciendo morir en ella una tradición castrante. Esa es la gran revolución de Tita. Hasta aquí llegó que la hija menor no se casa. Tita va a ir a la universidad, se va a casar, y va a respetar la tierra como un ser vivo. Todo lo que presento ahora, ya estaba ficcionalmente en "Como agua para chocolate". ¿Hay un sistema económico que hace que yo sea narcotraficante o que determina que voy a ser migrante indocumentado? Bueno, yo no quiero ser eso. Y qué pasa si yo dejo de ser eso. Y qué hago si elijo lo mío. Se rompe toda la estructura que me lleva a ser eso. Es un trabajo profundo, doloroso y muy serio, y donde está la persona y su interconexión con el mundo, que nos lleva a respeto por esa cosmovisión que nos arraiga que en todas las tradiciones desde la física cuántica a las de los mayas cuando explicaban tú eres yo, yo soy tú.

P.: ¿Algo de eso estaba en ese libro tan raro suyo que se llama "La ley del amor"?

L.E.:
Ahí estaba la pirámide que transmutaba la energía de odio en amor. Y la forma de transmutar era a través de la música, que es vibración, y de la reconexión. Es lo que trato de ver, cómo se reconecta con la vibración del bienestar. Si se prende la computadora te conecta con el campo de la información, y puedes bajar la información que quieras, pero tienes que teclear una palabra, y ese teclear es la clave. La información ya estaba en la palabra que puse. No está saliendo de la nada, yo ya la puse ahí pero no la tengo a conciencia. Este juego de la palabra con la conexión y con toda la información que tengo a mi alrededor para redescubrir quién soy, voy a rediseñar mi vida, reencaminar mi voluntad, que es una voluntad del universo, que es una voluntad de dicha, de paz, de humildad, de amor. Eso ya lo vio Jacobo Grinberg, un científico de la UNAM, que hizo el trabajo más serio sobre los chamanes de México.

P.: Después de este libro, ¿vuelve a la ficción?

L.E.:
Sí, estoy ahorita con una novela que saldrá el próximo año. Es una novela policíaca en la época actual. La protagoniza una mujer policía. ¿Por qué será que hoy todo el mundo quiere escribir novelas policiales?. Me interesó qué pasa con una mujer policía en un mundo de hombres que ve lo que los otros no ven. Bueno, quizá se lleve al cine el año que viene mi novela "Malinche".

Entrevista de Máximo Soto

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