18 de junio 2013 - 00:00

Abrupto final para el sueño de una “etapa de oro”

Río de Janeiro - El sueño de celebrar "el mejor Mundial de todos los tiempos" en 2014 parece convertirse en una verdadera pesadilla para la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

La Copa de las Confederaciones, considerada un ensayo general del Mundial, arrancó propinándole al menos un par de reveses a la mandataria, que buscará la reelección en los comicios de julio del año que viene, días después de que el sueño se haya realizado o de que la pesadilla, por fin, haya terminado.

Los brasileños adeptos al fútbol -y con capacidad económica para pagar las caros entradas- que fueron al estadio Mané Garrincha, en Brasilia, para asistir el sábado a la inauguración de la Copa de las Confederaciones, descolocaron a la mandataria y al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, con un estridente coro de abucheos que truncaron el discurso oficial y opacaron el arranque del torneo.

El episodio fue una suerte de corolario de lo que sucedía desde hacía horas fuera del estadio, donde "activistas anti-Mundial" -estudiantes, punks, anarquistas, gremialistas y otros grupos de "resistencia urbana"-, protagonizaron protestas duramente reprimidas por la policía.

Las protestas anti-Mundial, que critican el "despilfarro" de dinero público en eventos deportivos, fueron a su vez precedidas por otra serie de revueltas, más masivas y encarnizadas, que tuvieron su epicentro en San Pablo pero se diseminaron rápidamente por otras ciudades. Estas manifestaciones, en contra del aumento de la tarifa del transporte público, arrastraron a las calles de esa ciudad, en cuatro oportunidades, a más de 5.000 personas, que también fueron brutalmente reprimidas por la policía, en una batalla campal que dejó cientos de heridos y detenidos.

Según analistas, la "quincena negra" de Rousseff se explica, entre otros factores, por un "fantasma" que viene persiguiendo a la presidenta: la "era de oro" del Brasil posdictadura, que vivió su esplendor durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y se prolongó hasta el primer año de gobierno de su sucesora, empezó a declinar.

En el declive, Brasil perdió el lugar hasta entonces inédito de sexta mayor economía del mundo, conquistado en 2011, a raíz de un estancamiento económico que sufren especialmente exportadores e industriales, y un paulatino crecimiento de la inflación, que siente el pueblo que hace las compras en los supermercados.

A la negativa sucesión de datos y episodios se suman otros eventos que sólo perdieron destaque por la violencia de los últimos acontecimientos, y que en nada tranquilizan a la primera mujer presidenta de Brasil.

A saber, a principios de mes se agudizó una vieja disputa por tierras entre indígenas y hacendados, que dejó un indígena muerto de un balazo a manos de la Policía Federal, que depende directamente del Gobierno. Paralelamente, comunidades que serán o fueron desplazadas a instancias de las obras necesarias para organizar el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016, vienen movilizándose en todo el país y pueden radicalizar sus métodos de lucha a medida que se intensifiquen los desalojos.

Agencia DPA

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