La Copa de las Confederaciones, considerada un ensayo general del Mundial, arrancó propinándole al menos un par de reveses a la mandataria, que buscará la reelección en los comicios de julio del año que viene, días después de que el sueño se haya realizado o de que la pesadilla, por fin, haya terminado.
Los brasileños adeptos al fútbol -y con capacidad económica para pagar las caros entradas- que fueron al estadio Mané Garrincha, en Brasilia, para asistir el sábado a la inauguración de la Copa de las Confederaciones, descolocaron a la mandataria y al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, con un estridente coro de abucheos que truncaron el discurso oficial y opacaron el arranque del torneo.
El episodio fue una suerte de corolario de lo que sucedía desde hacía horas fuera del estadio, donde "activistas anti-Mundial" -estudiantes, punks, anarquistas, gremialistas y otros grupos de "resistencia urbana"-, protagonizaron protestas duramente reprimidas por la policía.
Las protestas anti-Mundial, que critican el "despilfarro" de dinero público en eventos deportivos, fueron a su vez precedidas por otra serie de revueltas, más masivas y encarnizadas, que tuvieron su epicentro en San Pablo pero se diseminaron rápidamente por otras ciudades. Estas manifestaciones, en contra del aumento de la tarifa del transporte público, arrastraron a las calles de esa ciudad, en cuatro oportunidades, a más de 5.000 personas, que también fueron brutalmente reprimidas por la policía, en una batalla campal que dejó cientos de heridos y detenidos.
Según analistas, la "quincena negra" de Rousseff se explica, entre otros factores, por un "fantasma" que viene persiguiendo a la presidenta: la "era de oro" del Brasil posdictadura, que vivió su esplendor durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y se prolongó hasta el primer año de gobierno de su sucesora, empezó a declinar.
En el declive, Brasil perdió el lugar hasta entonces inédito de sexta mayor economía del mundo, conquistado en 2011, a raíz de un estancamiento económico que sufren especialmente exportadores e industriales, y un paulatino crecimiento de la inflación, que siente el pueblo que hace las compras en los supermercados.
A la negativa sucesión de datos y episodios se suman otros eventos que sólo perdieron destaque por la violencia de los últimos acontecimientos, y que en nada tranquilizan a la primera mujer presidenta de Brasil.
A saber, a principios de mes se agudizó una vieja disputa por tierras entre indígenas y hacendados, que dejó un indígena muerto de un balazo a manos de la Policía Federal, que depende directamente del Gobierno. Paralelamente, comunidades que serán o fueron desplazadas a instancias de las obras necesarias para organizar el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016, vienen movilizándose en todo el país y pueden radicalizar sus métodos de lucha a medida que se intensifiquen los desalojos.
| Agencia DPA |


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