14 de marzo 2011 - 00:00

Académica deslumbró en el sur

Javier Logioia Orbe sorprendió al público, y a la orquesta misma, al descender del podio apenas comenzada la «Pavana» de Fauré, para demostrar que en un buen ensamble lo importante son los ensayos.
Javier Logioia Orbe sorprendió al público, y a la orquesta misma, al descender del podio apenas comenzada la «Pavana» de Fauré, para demostrar que en un buen ensamble lo importante son los ensayos.
Trelew - Creada el año pasado (por iniciativa de Eduardo Ihidoype tras su asunción al frente del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón), la carrera de Academia Orquestal brinda a instrumentistas jóvenes -aunque con formación técnica ya consolidada- una posibilidad de perfeccionamiento y de práctica. A lo largo de los dos años de duración de la carrera, los alumnos se entrenan en su instrumento junto a los solistas respectivos de las orquestas Estable del Teatro Colón y Filarmónica de Buenos Aires.

Dentro de ese marco, explica Ihidoype, tienen una gran importancia la ejecución de música de cámara y la lectura de partes individuales que los preparan para el ingreso a orquestas profesionales. Además de las prácticas que los alumnos pueden realizar en los ensambles sinfónicos del Colón, varias veces por año se reúnen en la Orquesta Académica.

El jueves pasado, y en el marco de la inauguración del edificio de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Trelew, en Chubut (ver recuadro), la Académica realizó la primera de las presentaciones de este año bajo la dirección del experto Javier Logioia Orbe, y junto a tres alumnos avanzados de la carrera de Canto de la institución: la soprano Soledad Espona, el tenor Emanuel Esteban y el barítono Cristian Maldonado, y al violinista Xavier Inchausti.

Ante un auditorio que desbordó el gran salón de la Escuela, con la presencia del gobernador Das Neves, Logioia y la Orquesta abrieron la primera sección, dedicada a Mozart y Verdi, con la obertura de «Las bodas de Figaro», que tuvo el brío y la transparencia necesarias en la música del genial salzburgués. Esteban y Espona brindaron luego acertadas versiones de «Dalla sua pace» («Don Giovanni») y «Dove sono» («Las bodas de Figaro»), aunque sus voces de importante caudal parecieron más cómodas en el repertorio verdiano.

De este autor se escucharon tres fragmentos de «La traviata»: el dúo «Parigi, o cara» (muy bien interpretado por Espona y Esteban), y dos en los que sorprendieron la voz y la seguridad de Cristian Maldonado: el dúo «Pura siccome un angelo» y el aria de Germont, «Di Provenza il mare, il sol». El virtuosismo deslumbrante de Xavier Inchausti, de 21 años, desencadenó una ovación entre el público chubutense, que pocas veces tiene la oportunidad de escuchar a un solista de su talla.

Primero en la bella «Méditation» de «Souvenir d'un lieu cher» opus 42, de Tchaikovsky (original para violín y piano, que aquí se escuchó en la orquestación de Glazunov), y luego en el mucho más transitado «Introducción y rondó caprichoso» opus 28 de Saint-Saëns, Inchausti desplegó su ya probada soltura técnica, con una orquesta más exigida pero no menos concentrada. Como bis, parte de las variaciones sobre «Nel cor più non mi sento», melodía de Giovanni Paisiello, realizadas por Paganini, fueron e las manos del violinista un breve compendio de casi todo lo que puede ser desplegado en el instrumento.

Ya en el tramo final, Logioia sorprendió al público (y a la orquesta misma) descendiendo del podio apenas comenzada la «Pavana» opus 50 de Fauré (en la que sobresalió el solo de flauta de Damián Romagnoli), con la intención de demostrar que si el director ha hecho bien su trabajo durante los ensayos, su presencia en el concierto no es imprescindible.

Efectivamente, la Académica sonó enormemente ajustada, y el clima «camerístico» que surgió fue conmovedor. La primera de las «Danzas húngaras» de Brahms reafirmó los valores de esta Orquesta y el profesionalismo de sus integrantes que además tienen a flor de piel la alegría de hacer música, algo lamentablemente perdido en muchas de las orquestas profesionales, dentro y fuera del Teatro Colón.

* Enviada Especial

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