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Accedieron a secretos de Kafka
Ayer se abría en un banco de Zurich una caja fuerte con manuscritos y dibujos inéditos de Franz Kafka.
La apertura de las cajas fuertes tuvo lugar después de una operación similar en dos bancos de Tel Aviv, por orden de un tribunal israelí. La profesora de literatura Itta Shedletzky fue la primera persona que tuvo ayer acceso a esos documentos y deberá hacer su inventario.
El material conforma el legado del escritor que heredó su amigo y editor Max Brod, y luego su secretaria y amante, Esther Hoffe. El contenido de las cajas es reclamado por dos hermanas israelíes, quienes aseguran haber heredado los documentos de su madre, quien a su vez los recibió del editor de Kafka.
Sin embargo, el gobierno israelí argumenta que, como Kafka era judío, su trabajo forma parte del legado cultural de la nación. Brod había expresado su deseo de que la Biblioteca Nacional de Jerusalén -aún en proyecto en el momento de su muerte, ocurrida en 1968- fuera el destino final de los papeles del autor de «La metamorfosis». Así se lo pidió a su secretaria, Esther Hoffe, que sin embargo, lo desobedeció y subastó en 1988 el manuscrito de «El proceso», entre otras piezas, y dejó el resto del legado a sus hijas, Ruth y Java (dos sobrevivientes del Holocausto, ya octogenarias). Hace dos años,
Israel inició un proceso legal para recuperar esos papeles, en virtud de la autoridad moral que le otorgaba la voluntad expresa de Max Brod.
Israel ha reclamado incluso la reposición del manuscrito de «El proceso», que está alojado desde 1988 en el Archivo Alemán de Literatura de Marbach am Neckar, dependiente del Ministerio de Cultura de la República Federal Alemana. Las hermanas Hoffe, cuyos abogados han intentado detener la apertura de las cajas fuertes hasta el último momento, asistieron a la cita de Zurich.

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