16 de agosto 2016 - 00:00

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Geometría en Palatina

En el circuito de la calle Arroyo, la galería Palatina presenta nuevas obras de Natalia Cacchiarelli. La artista genera sobre las telas planas la ilusión de profundidad, pinta literalmente el "vértigo" de la mirada cuando se hunde. Del mismo modo, con el zigzag de las líneas, simula la ficción del volumen. Las bandas cromáticas dispuestas regularmente conforman una estructura que al quebrarse sugiere la tridimensionalidad. Nuevas sensaciones deparan las líneas que tiemblan delicadas con la inestabilidad del pulso sobre los frisos de colores neutros. De repente, un pequeño cuadrado enciende un foco que ilumina el grado cero de la abstracción: el blanco sobre blanco de Malevich. Allí está la seducción que ejercen las primeras vanguardias, las formas abstractas del Suprematismo (la supremacía del sentimiento puro) que revolucionaron el mundo del arte. Cacchiarelli reconoce esta influencia y se nutre con las obras de Imi Knoebel, Fred Sandback, Sol Lewit, Ross Bleckner, Enio Iommi, Lozza y Arden Queen (Arroyo 821).

Fotografía en Ungallery

También en la calle Arroyo abrió sus puertas este año Ungallery. En el bello espacio donde hay arte y también diseño, su directora, Paula Iorio, presenta un grupo de jóvenes fotógrafos seleccionados por Jorge Miño. Refiriéndose a la obra de Mariano Imperial, Miño destaca el realismo pictorialista y la sensualidad cromática. Así señala el protagonismo de la luz, "donde la naturaleza es testigo de su propia transformación de un período detenido de la vida misma". En las flores marchitas de Laura Valenzuela Miño percibe la agonía del color perpetuada en el paso del tiempo. "Ya no muestran su esplendor de estar vivas, sino de haber vivido". Silvana Muscio muestra un mundo dado vuelta (foto). El atractivo tríptico "Mares 3 segundos" intenta confundir el ojo y la percepción, recrear el instante en el cual -según la propia autora- "la imagen queda invertida en nuestra retina, proponiendo un corrimiento continuo y natural en nuestra forma domesticada de mirar". Finalmente la muestra se completa con los troncos, juncos y matorrales fotografiados por Emma Livingston. Miño aclara entonces: "Puedo ser parte de la desaparición de la realidad en mi conocimiento de toda forma existente en ese entorno. [...] dejo ir todos mis sentidos cuando la naturaleza me regala lo que ella quiere, de la manera y cuando ella lo desea" (Arroyo 932).

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