21 de enero 2011 - 00:00

Adicción a los videojuegos: una patología comprobada

A principios de esta semana, la publicación médica Pediatrics presentó un estudio estadístico que demuestra que uno de cada diez chicos aficionados a los videojuegos puede desarrollar una adicción patológica, cuyos síntomas más visibles podrían ser la ansiedad, la depresión, las fobias sociales y el bajo rendimiento escolar. El estudio fue realizado, en paralelo, en Estados Unidos, Hong Kong y Singapur, y los especialistas responsables destacaron que las tecnologías interactivas tienen un profundo efecto sobre los seres humanos en general y, particularmente, entre los chicos. Uno de los datos más impactantes del estudio es el que estipula que este tipo de adicción está presente incluso en una sociedad restrictiva como la de Singapur, donde hasta masticar chicle en público es una conducta reprimible.

De acuerdo con Brian Mennecke, especialista de la Universidad de Iowa, «la gente hace una suspensión temporaria de la incredulidad y se sumerge de manera total en el entorno del videojuego. Particularmente, los jugadores compulsivos afirman que su mimetización es absoluta.» Algo así como lo que le sucedía al personaje principal de «Avatar», o a toda la sociedad en «Identidad sustituta». «En instancias extremas, los jugadores compulsivos sienten una serie de síntomas físicos debilitantes recién cuando deciden salir del entorno del juego en el que participan. Están tan inmersos en la actividad que pueden ignorar los estímulos corporales de manera sorprendente», agrega Mennecke.

Por su parte, el psicólogo Shane Murphy, autor de un estudio publicado en 2007 sobre los juegos online, tiene una posición algo diferente: «Acabo de completar una investigación sobre las motivaciones y experiencias de los aficionados a los videojuegos, que sugiere que el tema del descontrol respecto de los juegos es una preocupación menor entre ellos. Como suele ser el caso con las tecnologías emergentes, los miedos y las preocupaciones son más de los especialistas, de sus propias fobias, antes que un reflejo del pensamiento y la realidad de los jugadores.»

Horacio Moreno

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