21 de diciembre 2009 - 00:00

¿Adónde llegarán las bravatas del bolivariano?

Cada vez resulta más difícil llevar la cuenta de los gestos ampulosos y bravucones de Hugo Chávez. Si fuese un niño, lo habrían medicado para apaciguar su cargante hiperactividad, pero se trata de un jefe de Estado al frente de un país con millonarias reservas petrolíferas. O sea, el asunto es mucho más peligroso y afecta a toda la región latinoamericana.

Desde que el ex militar golpista llegó al poder democráticamente en 1999, no ha descansado hasta tropezarse con molinos de viento y enemigos de carne y hueso para librar batallas que lo sitúen en el epicentro de todos los conflictos. Y en su afán por emular las gestas del libertador Bolívar y las incursiones internacionalistas de su admirado Fidel Castro, era preciso señalar y demonizar a un adversario. Su Némesis lo ha hallado en la figura del presidente colombiano, Álvaro Uribe, antítesis de la tendencia colectivista que en estos momentos arrasa en el continente.

Hugo Chávez está empeñado en ir a la guerra contra Colombia y no pierde ocasión para azuzar los ánimos. Sin ir más lejos, en la Cumbre del Mercosur celebrada en Montevideo le mostró sus blancos dientes al vicepresidente colombiano, Francisco Santos Calderón. El líder bolivariano insistió en que desde el «imperio» de Obama se planea una acción militar contra su país, y la plataforma de este hipotético enfrentamiento la constituyen las siete bases que los estadounidenses han instalado en territorio colombiano como parte de un esfuerzo conjunto para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo de las FARC.

Es verdad que el Chávez empachado de palabrería parece más un guiñol de feria que el general Patton antes de avanzar contra el enemigo. Pero no es menos cierto que, en medio de la zarzuela palaciega con corridos mexicanos incluidos, desde 2004 ha iniciado un plan de compras de armamento que culminó hace unos días con la llegada de, según ha anunciado, «miles» de cohetes rusos.

Si no le bastaban como mentores y aliados los hermanos Castro, Hugo Chávez no perdió tiempo en sumar a su causa al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, otro cruzado en busca de una conflagración, aunque la suya es santa y rabiosamente antisemita. A ambos los une la búsqueda del Santo Grial que para ellos son las armas nucleares y, como suele ocurrir con los iluminados de gatillo fácil, no cejarán hasta hacerse con su arsenal porque, desde la perspectiva de su torcida psicología, no tiene sentido tocar tambores para una contienda que no va a materializarse nunca.

¿Hasta qué punto Uribe toma en serio los exabruptos y fanfarronadas de su incómodo vecino? Hay quien asegura que en la intimidad el presidente colombiano se lamenta de que la guerra entre los dos países parece ser inevitable por la agresividad ilimitada de su contrario.

Desde la (i)lógica de Chávez es posible que, como le ocurrió al general Galtieri con la Guerra de las Malvinas, esté convencido de que el fragor nacionalista que provocaría un conflicto armado mantendrá distraídos a los venezolanos del desastre socioeconómico a que está abocada su Revolución Bolivariana. De más está decir cómo acabaron Galtieri y sus milicos. Tal vez a Hugo Chávez le ocurra lo mismo si deja de ladrar para lanzarse a morder.

* de EL Mundo

Dejá tu comentario