El reconocido artista argentino Julio Le Parc, una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo internacional y referente indiscutido del arte cinético, murió este sábado en París a los 97 años. Su fallecimiento puso fin a una trayectoria de más de siete décadas dedicada a experimentar con la luz, el movimiento, el color y la participación activa del espectador.
Murió Julio Le Parc, el histórico artista argentino reconocido internacionalmente
Nacido en Mendoza, transformó la experiencia artística del espectador. Falleció en París a pocos días de una nueva exposición en Londres.
-
"El gran arco": cuando un triunfo es una derrota
-
Euforia en la celebración del Moderno por su 70 aniversario
Murió Julio Le Parc a los 97 años.
Radicado en Francia desde finales de los años cincuenta, Le Parc construyó una obra que trascendió fronteras y lo convirtió en uno de los artistas argentinos con mayor reconocimiento mundial. Hasta sus últimos días mantuvo una intensa actividad creativa y se encontraba trabajando en una importante retrospectiva que iba a inaugurarse en el Tate Modern de Londres.
Desde la institución británica habían destacado recientemente su legado: "Le Parc quiere que los espectadores se sientan activos, de modo que sus actos de mirar y experimentar den vida a cada obra de arte. Quiere crear un arte más democrático que todos puedan disfrutar fácilmente".
Un pionero que transformó la relación entre el arte y el público
La importancia de Le Parc excedió ampliamente el plano estético. Su gran aporte consistió en romper con la idea tradicional de la contemplación pasiva y convertir al espectador en una parte fundamental de la obra.
A través de estructuras móviles, reflejos, luces, sombras y efectos ópticos, desarrolló experiencias inmersivas que modificaban constantemente la percepción del espacio.
La curadora Estrellita Brodsky, responsable de presentar en 2016 la primera muestra individual del artista en Estados Unidos, sintetizó esa búsqueda al señalar: “Las investigaciones de Le Parc sobre las diversas formas de involucrar y activar al público han redefinido y reinterpretado la experiencia del arte. Guiado por un firme espíritu utópico, Le Parc sigue considerando el arte como un laboratorio social, capaz de producir situaciones impredecibles y de activar lúdicamente al espectador de manera novedosa”.
De Mendoza a los grandes museos del mundo
Julio Le Parc nació el 23 de septiembre de 1928 en la localidad mendocina de Palmira. Sus primeros pasos en el arte llegaron durante sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza y posteriormente en Buenos Aires.
Durante su formación tuvo como docente a Lucio Fontana, una influencia decisiva en su desarrollo artístico y su expansión internacional.
“Uno de mis profesores en la Academia fue Lucio Fontana, que predicaba la idea del espacialismo y nos obligaba a reflexionar. Al mismo tiempo, se iban desarrollando las ideas sobre el arte concreto, formas simples y colores”, recordó en distintas entrevistas.
Aquellas experiencias terminaron moldeando una visión artística orientada hacia la investigación visual y la experimentación permanente.
El descubrimiento del arte cinético
La fascinación de Le Parc por el movimiento surgió a partir de su interés por las vanguardias del siglo XX y por las experiencias desarrolladas en movimientos como la Bauhaus.
“Lo hice prestando atención a las preocupaciones de las vanguardias del siglo XX. Pensé en desarrollar los métodos de la Bauhaus y los trabajos que se preocupaban en acercar el arte al movimiento, especialmente mi admirado Mondrian, además de Albers, Tatlin, los pioneros rusos. Ellos creaban en torno a esa idea de relación visual con cierta ilusión de movimiento óptico”, explicó.
Esa búsqueda terminó convirtiéndose en el eje central de toda su producción artística y el motivo que lo destacó entre varios artistas.
Gracias a una beca, Le Parc llegó a París en 1958, ciudad que terminaría transformándose en su hogar definitivo. Los primeros años fueron austeros. Instalado en una pequeña habitación-taller, comenzó realizando dibujos y estudios cromáticos en hojas cuadriculadas, trabajos que luego derivarían en algunas de sus obras más emblemáticas.
Poco tiempo después protagonizó uno de los movimientos más importantes de su carrera con la creación del Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV) junto a artistas como Francisco García Miranda, Horacio Demarco, Jean-Pierre Yvaral y Joël Stein.
“Queríamos desafiar el sistema del arte. Primero fuimos un centro de estudio y después un grupo con fuerte presencia de artistas latinoamericanos en París. La diferencia, para nosotros, era que el objetivo plástico estaba constituido por el movimiento y por la participación del público”, explicó.
El reconocimiento internacional
La consagración definitiva llegó en 1966 cuando obtuvo el Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia, uno de los galardones más prestigiosos del mundo artístico.
Los críticos destacaban especialmente sus trabajos basados en complejos sistemas mecánicos y ópticos capaces de generar permanentes transformaciones visuales. También valoraban su convicción de que la obra solo alcanzaba su sentido completo mediante la participación del público.
Paralelamente a su carrera artística, Le Parc mantuvo una fuerte participación en distintas causas sociales y políticas.
Durante las décadas de 1970 y 1980 se manifestó públicamente contra las dictaduras que gobernaron varios países sudamericanos y defendió la democratización del acceso a la cultura.
Su compromiso convivió siempre con una intensa producción artística centrada en el diálogo entre arte, ciencia y tecnología.
Lejos de disminuir con la edad, el reconocimiento hacia Le Parc creció de manera sostenida durante las últimas décadas. El Palais de Tokyo le dedicó una multitudinaria retrospectiva que ocupó más de 2.000 metros cuadrados y atrajo a miles de visitantes.
En paralelo, exhibió piezas históricas en el Grand Palais y presentó la muestra Le Parc Lumière en Río de Janeiro. La repercusión fue tan importante que la firma Hermès utilizó una de sus obras, "La larga marcha", como inspiración para una colección de pañuelos de seda.
Una relación permanente con la Argentina
Aunque desarrolló gran parte de su carrera en Francia, Le Parc mantuvo un vínculo constante con Argentina. Entre las exposiciones más destacadas sobresalieron Julio Le Parc, la otra mirada, en el Centro Cultural Borges, y la exitosa Le Parc Lumière, presentada en 2014 en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
En ambas exhibiciones, miles de visitantes pudieron experimentar sus emblemáticas instalaciones lumínicas e inmersivas. “Sus juegos de luz en movimiento modifican el espacio, lo recrean en forma permanente, incluyendo al espectador en la obra de arte total”, destacó entonces el curador Hans-Michael Herzog.
La huella de Le Parc también quedó plasmada en distintas obras públicas de Buenos Aires. Entre ellas sobresale la monumental Esfera Azul, incorporada de manera permanente al patrimonio del entonces CCK, una estructura móvil formada por cientos de piezas acrílicas suspendidas sobre el hall central.
También diseñó la escultura Hacia la luz, instalada en la Plazoleta Rubén Darío, en Recoleta. La obra, una flecha de aluminio blanco de seis metros de altura orientada hacia el cielo, sintetizaba buena parte de su pensamiento artístico y humanista.
El adiós a Julio Le Parc
Con la muerte de Julio Le Parc desapareció uno de los máximos exponentes del arte argentino y una referencia fundamental de la escena artística internacional.
Su obra transformó la manera de entender la relación entre el espectador y el arte, rompió barreras entre disciplinas y abrió caminos que siguen influyendo en artistas de todo el mundo.
A pocos meses de cumplir 98 años y mientras preparaba una nueva gran exposición en Londres, dejó un legado inmenso construido a partir de una convicción que sostuvo durante toda su vida: el arte debía ser una experiencia abierta, participativa y accesible para todos.




