16 de marzo 2010 - 00:00

Agnaldo Farías buscar recuperar la alegría en la Bienal paulista

Farías: «No tiene sentido cargar de obras 30.000 m2 de superficie. Nadie lo soporta. La gente necesita espacios para meditar, para encontrarse, para oír música».
Farías: «No tiene sentido cargar de obras 30.000 m2 de superficie. Nadie lo soporta. La gente necesita espacios para meditar, para encontrarse, para oír música».
El arte vuelve a la 29ª edición de la Bienal de San Pablo, de la mano del curador brasileño Agnaldo Farías, un hombre culto en el sentido más amplio del término, capaz de cantar «Adiós muchachos» sin pifiar media palabra, y de apreciar el arte argentino. Farías reprueba a sus colegas que viajan en business mientras los museos públicos carecen de recursos, critica a los «promotores de culturales» que en vez de estimar la inteligencia del público apelan a la capacidad de «quedarse pasmados», y no elude calificar (mal) a la gestión de Ivo Mesquita, que inventó una Bienal vacía de arte con la excusa de que había que reflexionar, porque el formato se había propagado por el mundo.

La semana pasada, en la Fundación Proa, Farías tuvo un encuentro su presidenta, Adriana Rosenberg, directora de Asuntos Culturales de la Cancillería argentina y el ministro Sergio Baur, aunque la nueva Bienal, no tendrá participaciones nacionales (una cuestión por demás discutible).

La Bienal paulista, hecha a imagen y semejanza de la que inauguró Venecia al finalizar el siglo XIX, ha cumplido más de media centuria. Desde su creación, en 1951, ha logrado con creces el objetivo de que los brasileños conocieran el arte contemporáneo internacional; convirtió a San Pablo en un activo centro del arte e insertó a sus artistas en la agenda del circuito de las grandes megalópolis. Varias generaciones de artistas y críticos de todo el mundo han desfilado por la Bienal y, si hoy Brasil lidera el arte de Latinoamérica, se debe a que su poder de irradiación favoreció las relaciones con los museos, críticos, curadores, coleccionistas y galeristas internacionales.

Después del memorable fracaso de la edición 2008, la Bienal se inaugura el 21 de septiembre, bajo el tema «Arte y Política», con Moacir dos Anjos como co-curador junto a Farías, que dialogó con este diario.

Periodista: No es la primera vez que trabaja en la Bienal.

Agnaldo Farías: Fui el curador la parte brasileña en el año 2002, con Nelson Aguilar. Además, cuando salí de la universidad trabajé en las bienales de 1981 y 1983 como curador de cine.

P: ¿La última Bienal fue un fracaso?

A.F.: Fue decepcionante, e incluso peligrosa para la institución, porque lo que discutían los sectores más reaccionarios en San Pablo era, ¿para qué la Bienal? Tampoco concuerdo con la idea de que hay que parar para pensar. Eso se puede hacer fuera del período de la Bienal. Creí que era una posición conceptual y que era una propuesta más profunda sobre la cuestión de Brasil, que podría haber sido muy interesante.

P: ¿Puede ser que se juntaran dos crisis, una, la de la Bienal con su problema financiero, y otra, la del curador?

A.F.: Desde el punto de vista político no fue productiva la opción. Me parecía más coherente no hacer la Bienal. El presidente de la Bienal no podía ocupar más en ese cargo y no realizarla era la manera de desplazarlo.

P: ¿Se sanearon las finanzas, los problemas financieros de la Bienal?

A.F.: La comunidad, no solo paulista, está apoyando mucho esta nueva dirección, incluso el Gobierno Federal. La Bienal ya tiene los recursos y 22 millones de reales, pero se espera llegar a 30 millones, para completar los gastos del predio y un fuerte programa educativo. Se debe tener en cuenta que la Bienal es una institución eminentemente educativa que, además, hace exposiciones. En nuestro país la tarea educativa es fundamental, es un imperativo porque hay un abismo social y grandes sectores de la población están alejados de la cultura. Stella Barbieri creó un programa ajeno a las frecuentes explicaciones triviales sobre las obras, se trata de ejercicios a través de las obras, de una escucha muy atenta de lo que las obras dicen y de estimular a los niños y la gente. Tenemos que pensar, por ejemplo, en la gente que vive en el Amazonas, que no vendrá a la Bienal pero la visitaran por computadora. El sitio tiene que ser muy interesante, muy atractivo, y tenemos personas alimentándolo. Esta semana se publica el primer material de la Bienal, con fichas de lectura, con ejercicios, inclusive con un juguete, y con 40.000 ejemplares para que los profesores puedan trabajar en sus clases. Este programa ya tiene 5.800 profesores y llegará a 300.000 niños.

P.: ¿Su apuesta es renovar la Bienal?

A.F.: La gente que trabaja conmigo tiene una impresionante capacidad de plantear la discusión del arte desde una perspectiva muy clara.

P.: ¿No será difícil generar algo nuevo con el viejo tema del arte y la política?

A.F.: La idea es enfocarlo desde una perspectiva que no sea histórica. Para que se comprenda bien, contaremos sobre el arte político que nació de un zamba creada por un esclavo, que fue regrabado por los Nuevos Bahianos y que se llama «Brasil Pandeiro». La canción habla de los «terreros» espacios donde la escuela de zamba se reúne, donde se canta, se baila, se discute y donde se toman las decisiones, donde está la umbanda, la macumba y el candomblé.

P.: ¿No es una metáfora un tanto irrespetuosa de la política real?

A.F.: No. La exposición dedicada a arte político no puede ser contemplativa, tiene que tener espacios de encuentro y tiene que catalizarlos.

P: ¿Hablamos del espectador activo?

A.F.: Si. El predio de la exposición tiene 30.000 metros cuadrados, si se carga de obras es aburrido y agotador. Nadie lo soporta. Hay que tener espacios para descanso, para meditación, para decantar las ideas y discutir las ideas. Hay que construir ágoras, hay que crear una cadencia, un ritmo, que es bueno y es útil, pero que no debe ser sólo de descanso sino de encuentro, porque el arte propicia de distintas maneras los encuentros, de allí la idea del espacio del zamba. El «terrero» es espacio de confrontación y la idea de la danza es la de la alegría, de la celebración y deberemos celebrar la política, porque los políticos nos desmoralizan.

P: Pero a Brasil le va bien con la política.

A.F.: Vamos a continuar, porque los jóvenes están aislados de la política y han asumido la peor de las posturas que es la apolítica. La idea del placer es clave como política. Hay otra zamba que dice: Mi gente cansada de sufrir inventó la batucada./ Para dejar de padecer/Tarde otra vez, tarde otra vez. Caetano Veloso recuperó esta frase y la asoció con la de Oswald de Andrade. La alegría es fundamental y la idea de la política proviene del encuentro con lo popular. En Brasil las cosas cambiaron para mejor. El día en que Helio Oiticica se fue al morro y regresó con el Parangolé (arte ambiental, o estructuras semejantes a ropa, capas, estandartes, que el espectador puede usar para bailar), cambió el arte brasileño era de extracción puramente europea. Después fue la abstracción geométrica de Europa mirando el cuerpo de la Escuela de Zamba, porque el Parangolé es la danza. Gilberto Gil fue a conversar con su ídolo bahiano que tocaba el acordeón, porque tenía preocupaciones con la industria cultural, con la radio y los medios y el pesimismo de Adorno que va a uniformar a la sociedad. El bahiano le contestó: «No te comprendo. Todo lo que hago es para tocar en la radio, yo hago música para todos». Por esto Gilberto Gil hace música para tocar en la radio.

P.: ¿Toda esta música va a estar presente?

A.F.: Sí, tendremos música, teatro, danza. Hay como seis plataformas y las obras estarán allí

P.: Hay pocos curadores que valoran la vertiente sensible del arte, pensé que era uno de ellos.

A.F.: Sí. Esta es mi preocupación básica. Cuando dije que no quería realizar una bienal teórica, una Bienal aburrida, para ser leída. Quiero una Bienal para ser sentida, para ser vista, oída para ser bailada.

P.: ¿Frente a las obras que según sus escritos muestran un arte discreto, sutil, casi imperceptible, no considera que en el arte político se suele caer en la obviedad?

A.F.: Estoy invitando a otros curadores para que haya matices. No estará mal que haya obras carismáticas, siempre que no sean obvias. La idea es que lo política del arte, no el arte hablando de política. Es decir, el arte y su capacidad de transformación, de modificación, de crear un espacio mental y activar a la gente.

P: ¿Hay subtemas?

A.F.: Son seis, pero los espacios no están determinados por la arquitectura, cada uno es una obra, donde se reúne la gente. El «terrero» de la ciudad se llamará «Yo soy la calle», habrá charlas, conferencias y un músico que traerá el sonido de la ciudad. Para no caer en el discurso académico, repetido pero nunca comprendido, el recurso de la poesía es constante. Para comenzar, el título de la Bienal está tomado de un verso de Jorge de Lima: «Hay siempre un vaso de mar para un hombre navegar». Habrá un «terrero» dedicado a la utopía y la contrautopía, se llama «Lejos de aquí. Aquí», es el título de una obra de teatro de Antonio Vivar. Como Brasilia, que cumple 50 años. Hay otro espacio dedicado a la discusión del monumento, otro sólo para descansar con obra de Ernesto Neto; uno estará destinado al olvido y a la Memoria, otro a lo visible y lo invisible, sólo para proyecciones, y estará el de la palabra, un lugar donde están invitados los poetas, los escritores, para leer sus textos. El último «terrero» está dedicado a Borges, se llama «El otro, el mismo», y éste sí es el espacio para pensar, habrá alrededor de 300 actividades. Si estás sola o cansada, si están con amigos, si quieres discutir, si necesitas orientación, si quieres música tendrás a Caetano Veloso, o a Paulino da Viola. Cuando los invité, los organizadores me dijeron que no podían pagarlo, pero la Bienal no es un show, vendrán porque les interesa participar, igual y que la Orquesta Sinfónica de Brasil. Hay tantas piezas, como un cuarteto de Shostakóvich o el concierto de Alban Berg, de inspiración política.

Entrevista de Ana Martínez Quijano

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