27 de septiembre 2013 - 00:00

Agua: el insumo que el campo espera

Agua: el insumo que el campo espera
Mientras en septiembre del año pasado, lluvias inesperadas (que cortaron la abrupta seca de invierno) dejaron cerca de 10 millones de hectáreas bajo el agua, anegando potreros, trigos ya implantados y provocando el atraso en la siembra de los maíces tempranos, doce meses después el panorama es exactamente el opuesto.

Es que después de casi seis meses sin lluvias adecuadas, el estado de reservas de humedad en los suelos varía entre escaso y nulo, aun en la parte central del país: la codiciada "pampa húmeda", que ahora no lo parece tanto.

Esta vez, ni la tormenta de Santa Rosa se hizo presente y, si bien hasta el otoño las precipitaciones aparecían como "adecuadas", la disminución desde entonces hizo casi desaparecer las reservas, agudizando el deterioro de las condiciones, especialmente hacia el oeste de la región.

Hasta el momento, el panorama no es demasiado alentador y se teme tanto el mantenimiento de la seca como el corte abrupto con lluvias torrenciales.

En trigo, la última actualización del área habría bajado unas 500.000 hectáreas, que lo dejarían en niveles similares a los ya bajos del año pasado de alrededor de 3-3,3 millones de hectáreas. A esto se debe agregar la pérdida computada de 50.000 hectáreas en Santa Fe, según la Bolsa de esa provincia, y una disminución aún no evaluada de rindes, producto de la escasa humedad en la que se están desarrollando la mayoría de los cultivos que lucen bajos y cloróticos, excepto en la zona núcleo bonaerense. Esto podría hacer que los apenas 8,2 millones de toneladas de la cosecha pasada, según el último ajuste del Ministerio de Agricultura, se repitieran complicando otra vez la situación comercial del cereal.

Por el lado de los granos gruesos la situación tampoco es mejor. Ya se determinó la caída del área del girasol y del sorgo, mientras que para el maíz, por el momento, se evalúan bajas sobre lo esperado que oscilan entre el 15% y el 20% respecto del ciclo anterior.

Es que los u$s 400-450 de costo por hectárea que insume este grano implican demasiado riesgo para cualquier productor debido a las condiciones climáticas tan inestables pero, más aún, cuando el precio internacional para marzo-abril 2014, que es cuando se recolectará la cosecha argentina, indica que apenas alcanza los u$s 155-156 por tonelada en el mercado local.

Y, si bien se podría ampliar el área de siembra del maíz de 2ª, es más probable que buena parte de la caída vaya directamente a soja, quedando la superficie maicera en alrededor de 4-4,3 millones de hectáreas, mientras que la oleaginosa lograría recuperar nuevamente el crecimiento, aunque según las previsiones oficiales, el crecimiento sería de apenas un 3%.

El esquema se completa con la demora en la compra de insumos, ante la posibilidad de que el clima no se regularice y, aunque los pronósticos para el último trimestre son bastante coincidentes sobre la posibilidad de que haya más precipitaciones, nadie se atreve a garantizar si serán "regulares".

Esto implica que de sostenerse la sequía otros 15 días, podría llegar a mantenerse el área total de siembra, pero sin duda caería en forma significativa el volumen de cosecha, más todavía si se toma la controvertida cifra oficial de 105 millones de toneladas de la campaña 2012/2013.

Pero la falta del insumo más estratégico del campo, el agua, afecta también a la ganadería (de carne y leche). De hecho, se prevén porcentajes de preñez inferiores a los de otros años, debido a las malas condiciones de la mayoría de los campos de cría concentrados, especialmente, en NOA, NEA y Centro, incluida la zona criadora bonaerense afectada por falta de lluvias y fuertes heladas que liquidaron la receptividad de los campos.

En el caso de la cría, se afectaría hasta la oferta de terneros 2015, mientras que en leche se aleja nuevamente la optimista expectativa oficial de llegar a los 11.800 millones de litros, manteniéndose, más vale, alrededor de los 10.800 millones de litros en los que está estancada la actividad hace más de 15 años.

Ante este panorama, sería interesante la revisión de algunas políticas públicas. Por caso, el mantenimiento de retenciones en productos que se están dejando de exportar por caída de la producción, la falta de una verdadera legislación en materia de emergencia y catástrofe agropecuaria y el nivel de presión impositiva más adecuado sobre la actividad, a fin de que el exceso de gravámenes no impida la adopción de la tecnología disponible para evitar, aunque sea parcialmente, efectos no deseados. Y en este punto, el riego sería una de las respuestas, justamente el tema que en estos días debaten en Buenos Aires 34 ministros de agricultura de toda la región.

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