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Ahorristas prefieren plazos fijos (cortos)
Mercedes Marcó del Pont
Cabe destacar que las tasas de interés pasivas no sólo tuvieron una tendencia estable todo el año, sino que siempre se ubicaron muy por debajo de la inflación estimada por los privados. Las estadísticas oficiales muestran que la tasa promedio nominal anual osciló entre el 8,5% y el 10% por montos de hasta $ 100.000, mientras que por importes mayores se elevaba un punto promedio. Incluso la tasa Badlar para plazos fijos de más de un millón de pesos a 30 días no superó el 12%. La diferencia entre colocar a 30 y a 60 días apenas fue medio punto porcentual. Es decir que en términos reales los rendimientos de los plazos fijos no llegaron a permitir ni cubrir la mitad del aumento de precios promedio. Sin duda, quienes optaron por esta opción de inversión, es porque no tienen suficiente capital como para arriesgarse a apostar en otros activos financieros, o son extremadamente conservadores o lo utilizan como caja de seguridad gratuita de sus ahorros.
Vale señalar que las tasas activas no mostraron ningún acercamiento a los rendimientos pasivos para los ahorristas, y eso que la morosidad del sistema financiero mostró una mejora en 2010. De modo que esto significó que los bancos cobraran hasta el doble promedio de la inflación estimada tanto por descubiertos, tarjetas de crédito y préstamos personales.
El panorama para los que ahorraron en plazos fijos pero en dólares no fue muy diferente, aunque se ven apuestas a mayor tiempo. Claro que el monto total apenas superó los u$s 6.100 millones. Basta comentar que en caja de ahorro hay depósitos en dólares por u$s 4.900 millones.
El 48% de los argendólares, menos de u$s 2.900 millones, están colocados a menos de 60 días; el 18% entre 60 y 90 días; un 23% a plazos de 90 y 180 días, y el 10% entre 180 y 365 días. Aquí tampoco el rendimiento es el atractivo porque las tasas no llegaron al cuarto de punto. En ese sentido resulta evidente que los que colocan plazos fijos en dólares lo hacen para resguardarse de ser víctimas de algún delito, o sea, como si fuera una caja de seguridad.
J.G.H.


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