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AJUSTES PARA UN VIAJE SIN SORPRESAS
Asuntos mundanos, colaterales, para la Presidente que ya activó el chip de la alta política para vender su visita a China de cuatro días como la coronación tardía, y muy parcial, del fantasioso megaacuerdo de 20 mil millones de dólares que prometió, como presidente, su marido.
Uno de los últimos oficios de Jorge Taiana como canciller fue revivir la cumbre con Hu Jintao luego de la suspensión, en el verano, del viaje. La presidencia «en ejercicio», durante ocho días, de Julio Cobos no parece, para los K, lo temible que parecía en aquellos días.
De todos modos, el staff político del Gobierno permanecerá atrincherado en Buenos Aires, y Néstor Kirchner redoblará el monitoreo que ejerce desde Olivos. Al Tango 01 subirán, mañana, Julio De Vido, Débora Giorgi, Julián Domínguez y el canciller, Héctor Timerman.
En destino de cabotaje, el resto del gabinete partirá hacia Tucumán en otra nave de la flota oficial. Desde esa provincia, luego del acto, la comitiva presidencial embarcará rumbo a China y llegará el domingo en busca de una foto en el Gran Salón del Pueblo con Hu Jintao.
El resto de las plazas lo ocuparán el secretario de Industria, Eduardo Bianchi (responsable operativo de lo que eufemísticamente se llama «comercio regulado»), y un continente de empresarios, bendecidos por el Palacio San Martín -quizá para apagar futuras versiones de diplomacia paralela con China-, entre los que figura el «chinoísta» Franco Macri.
El celo de la Cancillería se diluye frente a la inclusión de De Vido en el elenco, de cuya cartera dependerá la operación de compra de vagones para el Belgrano Cargas que anticipó Timerman.
Numerologías
La Presidente revisó, esta semana, un informe detallado sobre la relación comercial con China y sus puntos críticos. Fijó, en diálogos con Timerman y Giorgi, táctica y objetivos de la negociación en torno a un vínculo comercial que es, en todos los planos, desigual.
La prioridad de la misión, según un paper oficial, es buscar algunos términos para equilibrar la balanza comercial, no tanto en volúmenes, sino en el renglón valor agregado. China le compra commodities a la Argentina y le vende manufacturas, puntualmente industriales.
De los u$s 4.900 millones que China importó a la Argentina, el 99,6% son MOI. Con esa estadística, el Gobierno pretende entrar al mercado asiático con productos de la industria alimentaria, rubro al que el Gobierno chino destina, por año, u$s 3.500 millones para compras.
El tramo que promoverá la comitiva será alimentos preparados y elaborados y conserva, razón por la que la Presidente subió al avión a Giorgi y a Domínguez, ministros de Industria y de Agricultura, respectivamente. El diagnóstico es contundente: «La Argentina es cada vez más deficitaria» en la relación con China.
Deberá, también, responder sobre las trabas al ingreso de productos de ese país. Desde AFIP, Ricardo Echegaray remitió un resumen según el cual de casi 5.000 millones en importaciones, sólo 231 millones -equivalente al 5,6%- están bajo dumping. Es decir: técnicamente, según el detalle de Echegaray, no hay «trabas sustanciales» a las importaciones chinas.
Domínguez, el otro ministro con butaca en el Tango 01, tendrá la agenda del aceite de soja, asunto sobre el que el Gobierno anticipó que adecuará el nivel de hexanos. Una concesión que arrancó el Gobierno chino como represalia por el antidumping argentino.
Toda una paradoja: cuando en el Senado, un mix entre opositores y oficialistas trate de sepultar el proyecto de matrimonio gay que Kirchner esponsoreó, Cristina tratará de recomponer la relación bilateral con China, donde se considera un desorden mental la homosexualidad.


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