12 de enero 2010 - 00:00

Al Qaeda cambia e impone ahora los “lobos solitarios”

Las últimas acciones de Al Qaeda ponen de manifiesto que la red de Osama bin Laden tiene una nueva estrategia: operaciones perpetradas por individuos aislados que actúan por propia iniciativa. Es el tiempo de los lobos solitarios, personas afiliadas al radicalismo islámico que no esperan instrucciones para actuar.

Los últimos atentados y sus autores lo confirman: el psiquiatra estadounidense de origen palestino Nidal Malik Hasan, que mató a 13 personas en la base militar de Fort Hood el pasado 5 de noviembre; el nigeriano Umar Fark Abdulmutalab, autor de un atentado fallido en el vuelo Amsterdam-Detroit el día de Navidad; el somalí que el 1 de enero intentó agredir al autor de una de las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca o el médico jordano Hamam Jalil al Balawi, que el 31 de diciembre mató a siete agentes de la CIA y a un militar jordano en Afganistán.

Según los expertos, la estrategia del lobo solitario es una respuesta para paliar los buenos resultados de los esfuerzos en contraterrorismo. Mientras células durmientes son detectadas y nuevos planes de atentados resultan frustrados por las agencias de inteligencia, los terroristas están buscando otros modos de operar y se están viendo forzados a actuar aislados para evitar ser descubiertos.

Sin embargo, no se trata de un fenómeno nuevo, sino de la confirmación de una tendencia que se venía dando al menos desde los últimos tres años. Un informe de la inteligencia canadiense ya advertía, en junio de 2008, sobre la amenaza emergente de los lobos solitarios islamistas que operan de forma totalmente independiente.

Las tradicionales células de Al Qaeda conviven ahora con radicales aislados que actúan en soledad. En 2008, el propio Bin Laden animó a sus seguidores a emprender acciones de forma independiente.

El cambio de estrategia se observó primero en Argelia. El atentado del 11 de abril de 2007, que causó la muerte de una veintena de personas fue perpetrado por dos kamikazes que, si bien actuaron de forma coordinada, lo hicieron en dos escenarios distintos. Uno de los suicidas era un joven que se dedicaba a la venta ambulante de sardinas y que, reclutado a cambio de dinero para poner su puesto por parte de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) tiempo atrás, aguardaba la hora de actuar.

Es la forma en que AQMI suele captar a jóvenes de los desestructurados barrios de la periferia de Argel. A lo largo de 2007 -en julio, setiembre y diciembre- sucesivos atentados en todo el país norteafricano confirmaron la tendencia del terrorista que actúa solo.

Las acciones de Nidal Malik, Abdulmutalab o Al Balawi revelan hasta qué punto nos enfrentamos a individuos sin aparente relación con Al Qaeda u otros grupos organizados que un día abrazan la causa y deciden lanzar un ataque. Se trata del peor escenario para las agencias de seguridad de todo el mundo. «Son jóvenes con un nivel de educación superior, perfectamente integrados en apariencia, que se autoexcluyen en una lógica propia de las sectas y se radicalizan hasta que pasan a la acción», subrayaba Jean-François Daguzan, investigador jefe de la Fundación para la Investigación Estratégica (con sede en París), en las páginas del diario Libération.

El fenómeno está vinculado al uso creciente de internet como espacio de reclutamiento de futuros kamikazes y de planificación de objetivos.

Nidal Malik estaba en contacto vía internet con el predicador yihadista Anuar al Awlaqi, el imán estadounidense instalado en Yemen que también inspiró al nigeriano Abdulmutalab. «La guerra santa (yihad) no se circunscribe a ninguna tierra. Es global. No hay fronteras o barreras que la detengan», argumentaba Awlaqi en una de sus conferencias difundidas on line.

«Internet se ha convertido en un importante catalizador de extremistas, incluyendo a lobos solitarios, proveyéndoles de motivación ideológica, impulso, justificación, información sobre objetivos e instrucción sobre técnicas y todo en un ambiente anónimo», reza el mencionado informe de la inteligencia canadiense.

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