7 de julio 2017 - 00:00

Albee ordenó destruir su obra inconclusa

Fallecido a los 88 años el año pasado, el famoso dramaturgo decepciona con este deseo a sus muchos fans y a la sociedad de estudios de su obra.

Albee. No quería que la posteridad conozca su obra inconclusa o no estrenada.
Albee. No quería que la posteridad conozca su obra inconclusa o no estrenada.
Nueva York - Poco antes de morir, Edward Albee, el autor de "Quién le teme a Virginia Woolf", intimó a sus albaceas testamentarios que destruyan todo trabajo inédito que aún se encuentre entre sus papeles. Tal como había ordenado Franz Kafka al morir, salvo que luego su amigo Max Brod ignoró el pedido, abriendo camino a la impresión de "El castillo", "El proceso" y "América". También le fue mal a Vladimir Nabokov: "The Original of Laura", del autor de "Lolita", estuvo durante décadas bajo llave en una bóveda suiza, pero fue salvado de la hoguera y publicado por su hijo Dimitri, para ser luego demolido por la crítica y el público. Un riesgo que Albee quería evitar a toda costa, de ahí la orden de su testamento, depositado en 2012 en un tribunal de Long Island, donde pide a dos amigos -el diseñador William Katz y el contador Arnold Toren- que destruyan todo manuscrito no terminado. Albee murió el pasado septiembre, a los 88 años.

"¿Si estoy decepcionado? Un poco", comentó el presidente de la Edward Albee Society David Crespy, un profesor de dramaturgia de Missouri. "Todo fragmento de un gran autor proporciona indicaciones sobre el proceso creativo". Crespy, sin embargo, no se dijo sorprendido: "Albee siempre mantuvo un estrecho control sobre el material que quería poner disponible al público".

Entre sus trabajos inconclusos figuran los borradores del último proyecto conocido, "Laying an egg" (Poner un huevo), sobre una mujer de mediana edad que intenta quedar embarazada. Dos veces en cartel en off Broadway en los últimos años, las dos veces fue retirada a último momento por el autor, que no estaba satisfecho. Ahora los albaceas enfrentan un dilema: obedecer lo que los expertos legales llaman el "control de la mano muerta" o escuchar a críticos y amantes del teatro que reclaman ver y estudiar lo que queda de la producción de Albee.

En espera de deshacer la madeja, para Toren y Katz se abre una tarea más fácil: entre las instrucciones del testamento estaba la de vender toda la colección de arte del comediógrafo, más de cien obras estimadas en nueve millones de dólares.

Sotheby's subastará las obras y dedicará los beneficios a la Albee Foundation, que mantiene una residencia para artistas en Mountauk, sobre el Atlántico de Long Island, que es la principal beneficiaria de la última voluntad de Albee.