28 de marzo 2013 - 00:00

Alcón hace un Beckett exquisito

Alfredo Alcón, como Hamm, y Joaquín Furriel, como Clov,  dúo protagónico de “Final de partida”, de Samuel Beckett.
Alfredo Alcón, como Hamm, y Joaquín Furriel, como Clov, dúo protagónico de “Final de partida”, de Samuel Beckett.
Instalado en una cochambrosa silla de ruedas con pretensiones de trono, Hamm controla su pequeño universo cotidiano tiranizando a su criado Clov ya sea con órdenes caprichosas, o requiriendo su atención cuando le urge contar algún chiste o recrear hasta el infinito cierto episodio de su pasado. El anciano es ciego y depende de su sirviente, tanto como éste depende de él. Ambos conviven en un sitio derruido, que funciona como hogar, refugio y prisión (desde una perspectiva más metafísica que real).

La angustia de vivir en un mundo carente de sentido, sin valores trascendentes y donde la única certeza que se tiene es la de haber nacido para morir, envuelve a los dos personajes. Sólo los padres de Hamm, desde sus respectivos tachos de basura (ambos han perdido las piernas) intentan, pese a sus pocas fuerzas, preservar una vida de pareja de la que sólo queda gestos vacíos, algunas muestras de afecto y el recuerdo de días mejores. Su hijo a dura penas los soporta y les desea la muerte, pero necesita de su presencia para ser escuchado. De la misma manera que esta obra requiere de un espectador atento y concentrado. Aunque abunda el juego teatral entre Hamm y Clov, las peripecias dramáticas de la pieza van por detrás de la inmensidad de este texto filosófico, poético, burlón y generador de múltiples lecturas.

A 20 años de haber estrenado esta misma obra en Andamio 90, Alfredo Alcón vuelve a reinar en el escenario con su exquisita voz que hace que el texto fluya como una música arrastrando consigo lo más sublime y detestable de la raza humana. Su Hamm recuerda más que nunca a "Rey Lear", pero atravesado por el absurdo y con una comicidad entre cínica y bufonesca.

Joaquín Furriel, en cambio, todavía parece estar concentrado en otorgarle a Clov la apariencia de un ser deforme y de pocas luces, sin activar del todo la relación de dependencia y rechazo que lo une a su amo. Graciela Araujo es una Nell lánguida y fantasmal y Roberto Castro convierte a Nagg en un viejito farsante pero muy simpático.

"Final de partida" es considerada, junto a "Esperando a Godot", entre las obras más logradas de Samuel Beckett. Su minimalismo escénico y su hora y media de intensas especulaciones, se ven compensados con ingeniosas réplicas, un humor corrosivo y una dinámica actoral enfocada hacia el juego y los pasos de comedia.

"Final de Partida", de Samuel Beckett. Dir.: A. Alcón. Int.: A. Alcón, J.Furriel, R.Castro y G.Araujo. Esc.: N.Laíno. Vest.: M.Liñeiro. Ilum.: G.Córdova. (Sala Casacuberta Teatro San Martín).

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