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Alex Cox, un paseo entre Kurosawa y la Emmanuelle erótica
Alex Cox: entre sus proyectos figura el de hacer un film sobre la relación entre los argentinos y los perros.
Periodista: ¿Qué son esas presentaciones de películas que hizo usted y se ven Youtube?
Alex Cox: De un programa de la BBC, «Moviedrome», donde duré seis años. Yo no las elegía, me daban el paquete, así que logré el derecho de presentar algunas diciendo, por ejemplo, «esta película no vale nada, pero podemos aprender de sus errores en tal o cual escena», etc. No les gustó, pero no me echaron. Me fui cuando decidieron pasar solo películas angloamericanas aunque tenían los derechos de televisación de Akira Kurosawa y otros grandes del cine universal.
P.: ¿Cómo es su trabajo sobre Kurosawa?
A.C.: Pudo ser mejor. Dura una hora, imposible abarcar lo que él significa en una hora, aún circunscribiéndonos a sus películas de samurais, dos policiales y «Madadayo», su última gran obra, que algunos críticos desprecian.
P.: Luego hizo un documental sobre las películas de Emmanuelle.
A.C.: Idea de mi mujer. «Ya hiciste demasiadas de caballos y peleas, todas machistas», me dijo, «veamos una auténtica heroína de los 70". Así que entrevistamos a Sylvia Kristel y sus continuadoras, y como antes habíamos consultado a Bernardo Bertolucci, Francis Coppola y otros directores, acá consultamos a gente de la calle. Me salió bastante distinta de la de Kurosawa.
P.: Me imagino. ¿Siempre trabaja con su mujer?
A.C.: Es una cuestión económica. Si el equipo debe viajar, y guionista y director son una misma persona, ahorramos un pasaje. Si productor y productora duermen juntos, ahorramos una habitación de hotel. Creo que seguimos casados para no gastar en un juicio de divorcio.
P.: No hizo fortuna con el cine, ni siquiera cuando el éxito de «Sid & Nancy» o «Repo Man».
A.C.: Hice amigos. Hago amigos. ¡El placer de charlar con Borges! Reconozco, mi versión de «La muerte y la brújula» no es la mejor adaptación de un texto suyo, pero no está tan mal. Para terminarla hice una de encargo, que tampoco es muy despreciable.
P.: ¿Y su versión de «Revengers Tragedy», sobre la pieza de Thomas Middleton que ahora vemos?
A.C.: Ahí disfrutamos a uno de los mejores actores de habla inglesa, Derek Jacobi, y el texto de Middleton es tan bueno que ni yo lo arruino. Era un escritor impresionante, la antítesis de Shakespeare en algunos sentidos, porque no temía perder el favor de los poderosos. Esa me salió bien, es bastante compleja pero si el espectador está interesado en resoluciones apocalípticas puede disfrutarla. Usted sabe que la consolación no es lo mío, sino lo apocalíptico.
P.: Incluyendo el western spaghetti, que usted mismo ha practicado en «Straight to Hell» («Derecho al infierno») y «Straight to Hell Returns», incluido en la programación.
A.C.: Apocalipsis Popular. Ah, ya que lo dice, debo pedir disculpas por un error. En mi libro «10.000 formas de morir», que presento en el festival, atribuyo a Ennio Morricone la música de «Dios perdona, yo no», pero era del argentino Luis Enriquez Bacalov.
P.: ¿Pero es cierto que quiere hacer una película sobre los perros argentinos?
A.C.: ¡Pero qué teléfono descompuesto! Lo que dije, en una charla pública, es que viajo mucho, y veo que en muchas partes maltratan a los perros callejeros. Pero acá, una de mis primeras impresiones favorables, es ver que los perros están en la vereda del hotel sin ningún problema, conviven con el portero, nadie los maltrata. Lo que quisiera es hacer una película sobre la gente amable con todos los seres vivientes. ¡Pero no me sale!
* Enviado Especial


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