Según la mitología del mercado, de acuerdo con cómo sea la primera semana de enero, así será el resultado del mes, y de acuerdo con cómo sea el resultado del mes, así será el del año. El 0,84% que ganó el Dow en las últimas cinco ruedas, al cerrar en 11.674,76 puntos, resulta entonces un buen augurio para los más supersticiosos. Los que no lo son tanto pueden en cambio buscar consuelo en que acabamos de marcar seis semanas consecutivas de suba, en las que el Promedio Industrial trepó el 5,25%. Pero esto no debe hacernos olvidar que de la mano del negativo informe laboral del último mes y las crecientes preocupaciones sobre nuevas quiebras bancarias, las blue chips retrocedieron el viernes un 0,19%. Si a esto sumamos el creciente nerviosismo que se percibe en el mercado de títulos municipales (algunos calculan que tendríamos entre 50 y 100 desfalcos, frente a tan sólo 10 del año pasado), que llevó a que el presidente de la Reserva Federal declarara ante el Congreso que su organismo no saldrá a rescatar a nadie (fueron interesantes las declaraciones de su vice, Janet Yellen, afirmando que gracias al último plan de la Fed la inflación creció el 1% y la desocupación caerá por lo menos al 8% en 2012); los problemas que está encontrando Portugal para colocar su deuda, la continua baja del euro (el jueves el presidente del BCE reiteró que le preocupa más la inflación que la falta de impulso de la economía europea, cuando en realidad lo que más le preocupa es cuándo comienza el ataque del mercado contra España), etc., la conclusión es que la rueda resultó mejor que lo que era previsible. En parte esto tiene que ver con el estado general del mercado bursátil, que si bien sigue siendo chico en cuanto a volúmenes tiene el suficiente optimismo como para valuar la próxima colocación de los títulos de Facebook en u$s 50.000 millones. ¿Por casualidad, esto no le trae cierto déja vu?
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