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Amancio Williams, más que un teórico de la arquitectura
Croquis de la famosa Casa sobre el Arroyo en Mar del Plata, del arquitecto e investigador argentino Amancio Williams, a quien Le Corbusier consideraba el iniciador de un soplo renovador en su disciplina.
Fallecido hace veinte años, Williams (1913-1989), se dedicó sobre todo a la pre-figuración, a la construcción de maquetas, al diseño. En forma práctica, enseñó que es ésa y no otra la verdadera actividad del arquitecto, si tenemos en cuenta que lo construido realmente es copia de los proyectos y no al revés.
La vida de Williams lo lleva a convertirse en adalid de toda una generación de arquitectos por su obra y su conducta. Por sus ideas y por su tenaz entrega al cumplimiento de un objetivo holgadamente alcanzado.
A mediados de la década del 40, viaja a Europa para conocer a Le Corbusier, con quien colabora en la Casa Curutchet. Difícilmente en la historia de la reflexión arquitectónica del siglo XX, un teórico haya gozado del privilegio de ser, para Le Corbusier, el iniciador de un soplo renovador como en el caso del argentino Amancio Williams. Las palabras del padre del movimiento racionalista moderno tienen mucho valor: destacan el soplo vital de nuestro continente y su difusión a partir de los grandes talentos de las tres Américas. Cuando se habla de Williams se habla al mismo tiempo, como lo señala Le Corbusier, de lo nuevo, de lo que irradia creatividad.
En momentos en que Le Corbusier escribía sus palabras de reconocimiento para Williams, éste tenía treinta y cuatro años y ya había realizado el proyecto de Viviendas en el Espacio (con la colaboración de Delfina Gálvez de Williams y Jorge Vivanco), el estudio para el Aeropuerto de Buenos Aires (en esta oportunidad con Jorge Botler, César Jianello y Celleti Boceara) y, en especial, había proyectado y dirigido la construcción de la famosa Casa sobre el Arroyo en Mar del Plata, que fuera considerada en su momento la creación más audaz e independiente de aquella generación de arquitectos argentinos.
Durante la década de 1940 a 1950, Amancio Williams elabora una serie de iniciativas que habrían de influir notoriamente sobre un medio profesional que aún estaba sujeto fuertemente a los estilos más o menos ortodoxos, que no parecía haber advertido (con unas pocas excepciones aisladas) la existencia de una nueva arquitectura surgida como consecuencia de movimientos europeos y norteamericanos, desde hacía por lo menos treinta años.
El hecho de que sean muchos más los estudios y proyectos de Williams que las obras efectivamente construidas no afecta su calidad arquitectónica. Todos sus estudios e investigaciones, así como en sus creativos proyectos que abarcan aspectos de diseño y urbanismo, ponen en evidencia su comprensión del paisaje americano y su preocupación por una vida humana más digna. Por ello, escribió: «Consideré que el campo más propicio para desarrollar plenamente lo que sentía era la arquitectura porque encontraba en ella aspectos humanos: social, técnico, económico y político».
Sus estudios son los que más han conmovido a los arquitectos no solamente argentinos sino en el orden internacional, todos aquellos que pudieron acercarse a sus proyectos y análisis a través de las exposiciones de los mismos.
Exposiciones
En 1947, el Gobierno de Francia montó un stand en París sobre su obra, en colaboración con el taller de Le Corbusier: «Exposición Nacional de Urbanismo y Arquitectura». Al año siguientes, se presentó en Milán una muestra organizada por otro argentino de talento, Tomás Maldonado; y en 1955, la obra de Williams fue exhibida en la Universidad de Harvard.
En 1958, intervino en la Exposición Internacional de Moscú, con motivo del Congreso Internacional de Arquitectos; y en 1961, es invitado a la VII Bienal de San Pablo donde se presentó una exposición de sus obras en una sala dedicada exclusivamente a él.
El Museo de Arte Moderno realiza dos importantes exposiciones en 1968 y luego en 1975. Entre los reconocimientos internacionales, se destaca que George Collins, el notable historiador norteamericano, lo incluyera en 1979 en la muestra «Diseños visionarios de arquitectura», también en Nueva York, junto a 30 pioneros del siglo XX.
«Trabajar con toda libertad en el espacio, manejarse libremente en las tres dimensiones, buscar en la técnica su expresión verdadera, trabajar con sentido de unidad, hacer obra de síntesis, y buscar el sentido de lo permanente», son algunos de los conceptos de Amancio Williams que condensan sus principios.
Admitiendo que la arquitectura abarca un campo inmenso del conocimiento, Williams planteó como una de sus problemáticas fundamentales la necesidad de liberar el suelo de las ciudades, respetar y crear lugares verdes. La espacialidad está siempre presente: así lo señalan su proyecto para un edificio de oficinas suspendidas, en pleno centro de Buenos Aires, o su Sala para el Espectáculo Plástico y el Sonido. Es que Amancio Williams fue un verdadero trabajador intelectual de la arquitectura.


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