26 de julio 2010 - 00:00

“Amor, dolor y qué me pongo”: monólogos del guardarropas

De izq. a der., Leonor Manso, Ana Katz, Cecilia Roth, Mercedes Scápola y Jorgelina Aruzzi en «Amor, dolor y qué me pongo», dirigidas por Mercedes Morán.
De izq. a der., Leonor Manso, Ana Katz, Cecilia Roth, Mercedes Scápola y Jorgelina Aruzzi en «Amor, dolor y qué me pongo», dirigidas por Mercedes Morán.
Quien haya visto «Los monólogos de la vagina», de la escritora feminista Eve Ensler, encontrará puntos de contacto con esta obra que un best seller de Ilene Beckerman les inspiró a las hermanas Nora y Delia Ephron, guionistas de películas como «Tienes un e-mail» y la nueva versión de «Hechizada» (Nora es además quien escribió los de «Cuando Harry conoció a Sally» y la reciente «Julie & Julia» entre otros éxitos). Las principales coincidencias son que «Amor, dolor y que me pongo» tiene el mismo formato de actrices -tres en «Los monólogos...», cinco en este caso-, sentadas hablando de cara al público, con la diferencia de que aquí interactúan de vez en cuando, y, sobre todo, el tema: diversos aspectos de «la femineidad», sólo que desde un punto de vista más vaporoso o más frívolo, si se quiere, ya que aquí ropa, zapatos y accesorios son la base del anecdotario.

La pieza de las Ephron divide las anécdotas en humorísticas y emotivas por partes iguales, con la cuota correspondiente de «compromiso», sin llegar nunca al descarnado realismo de algunos de «Los monólogos...». Para su debut oficial como directora, Mercedes Morán adaptó junto a Fidel Sclavo unos textos muy norteamericanos. Más bien dicho, los argentinizó, aunque no en todos los casos. Por ejemplo, cuando una de las mujeres relata cómo fue vestida a su baile de graduación, el tan estadounidense «prom night», y describe la ropa de su acompañante: ese smoking celeste que se repite invariablemente en los nerds de comedias juveniles hollywoodenses tipo «American Pie». Y no es lo único.

En lo que acertó Morán es en la marcación de las actrices, excepción hecha de las molestas risitas que sueltan las otras cuando alguna de ellas está diciendo algo gracioso. Las cinco están bien, especialmente Jorgelina Aruzzi, que aprovecha la notable habilidad monologuista que adquirió en espectáculos de cabaret y unipersonales (la escena en la que batalla con unos jeans que no cierran y la otra en la que despotrica contra el caos perpetuo de las carteras de mujer son los que más risas le arrancan al público de ambos géneros), y la exquisita Ana Katz. En la función que vimos, Leonor Manso -la única que interpreta el mismo, encantador, personaje a lo largo de la obra-, salvó con aplomo unos cuantos furcios, y Cecilia Roth interrumpió con un mayestático ademán el inoportuno conato de aplauso que amenazó el remate de su monólogo de mayor lucimiento: el que se refiere a cómo sobrellevar un cáncer de mama sin perder la coquetería. Mercedes Scápola tiene frescura y simpatía. Es un elenco con todo lo necesario para sacarle más brillo a sus mujeres a medida que incorporen los textos con el correr de las representaciones.

En la sencilla puesta, son funcionales los cartones con figurines que alguien va colgando de un perchero desde bambalinas, pero la imagen de distintos tipos de vestimenta que aparece y desaparece sin ton ni son en una pantalla del fondo del escenario no cumple función alguna. El vestuario, en riguroso negro, es elegante, además de bien pensado para el estilo de cada actriz.

En general, la pieza cumple con creces el propósito para la que fue creada: la identificación de la platea, preferentemente femenina, qué duda cabe.

«Amor, dolor y qué me pongo» de Nora y Delia Ephron. Basado en novela de I. Beckerman. Adapt.: M. Morán y F. Sclavo. Trad.: B. Couceiro. Dir.: M. Morán. Int.: J. Aruzzi, Ana Katz, L. Manso, C. Roth, M. Scápola. Dir. de arte: F. Sclavo. Vest.: G. Pietranera. Dis. De luces: A. Le Roux . (Teatro Tabarís).

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