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Amorim, un rioplatense novelesco

¿Están los restos de Federico García Lorca en la ciudad de Salto en Uruguay? Eso es lo que sugirió Enrique Amorim al inaugurar en 1953 el primer monumento que se erigía en el mundo al poeta granadino, y que él hizó construir. Dijo: «Aquí, en un modesto pliegue del suelo que me tendrá preso para siempre, está Federico». Medio siglo después, el escritor peruano Santiago Roncagliolo realiza, a partir de ese dato, una notable investigación que al buscar saber si los restos del autor de «Bodas de Sangre» tienen su tumba en Salto, construye una biografía lateral de Enrique Amorim, y un apasionante relato del mundo cultural de la primera mitad del siglo XX.
Amorim fue un millonario uruguayo que se casó con Esther Haedo, lo que lo hizo primo político de Jorge Luis Borges, que iba seguido a veranear en la estancia «Las nubes». Si Amorim como escritor fue un polígrafo, publicó más de 40 libros y su producción abarca del relato rural (donde se puede encontrar elementos del posterior realismo mágico), al guión de cine (con muchas películas en su haber), su sexualidad era igualmente amplia, sedujo, entre otros, a Jacinto Benavente, pero fue Federico García Lorca el gran amor de su vida. Para ampliar la complejidad de un personaje que «dejaba que las mujeres lo amaran», Liliana, su única hija, fue fruto de las relaciones con Blanca, una amante porteña.
Amorim tuvo algo de promotor cultural cholulo, quiso estar siempre junto a las grandes estrellas del arte y las letras, cosa que su fortuna, su labor de mecenas, más que su talento, le permitió. Estuvo con Disney, Chaplin, Picasso, Neruda, Malraux, Lacan, por anotar algunos. La Guerra Civil Española, como a muchos otros, lo llevó al Partido Comunista. Y llegó a sentirse culpable del asesinato de García Lorca por una discusión fervorosamente leninista que tuvo con él en plena Gran Vía madrileña cuando un fascista los seguía. En uno de sus tradicionales sarcasmos, Borges sostiene que volverse comunista a Amorim «le sirve para consolarse de su fracaso como escritor. Puede pensar que sus libros no tuvieron eco porque el es comunista. Ha escrito muchas novelas y cuentos, poemas pésimos, sonetos. y nada, es como si no hubiera escrito». Para Borges ni siquiera es un autor menor de antología, por más que en el pasado le hubiera compartido la historia de «Hombre de la esquina rosada». Cortázar, que fue traductor al francés de la novela «La carreta» de Amorim, no debía pensar lo mismo.
Uno de los atractivos de «El amante uruguayo» es cómo, a través de anécdotas, situaciones y chismes, muestra cómo «la envidia, la inquina, la hipocresía y la traición determinaron la historia de la literatura que ha llegado hasta nuestros días». La curiosa historia de un magnate que podría haber robado los restos del autor del «Romancero gitano» para enterrarlos cerca de su casa bajo un monumento a su memoria, y que aun siendo una de las mentiras del mitómano Amorim, según Santiago Roncagliolo, quiso pasar a la historia como el amante de García Lorca.
El libro recupera, junto a devaneos literarios y políticos, una época trágica, y rescata, en un relato que atrapa página a página, la figura extraordinaria de un rioplatense absolutamente novelesco.
M.S.


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